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De la feria. (San Francisco de Paula, ermitaño).
Jer 11, 18-20; Sal 7, 2-3. 9-12.

Evangelio según San Juan 7, 40-53

Algunos de la multitud, que habían oído a Jesús, opinaban: “Éste es verdaderamente el Profeta”. Otros decían: “Éste es el Mesías”. Pero otros preguntaban: “¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?”. Y por causa de él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él. Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y éstos les preguntaron: “¿Por qué no lo trajeron?”. Ellos respondieron: “Nadie habló jamás como este hombre”. Los fariseos respondieron: “¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita”. Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: “¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?”. Le respondieron: “¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta”. Y cada uno regresó a su casa.

Dios habla

Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aún cuando no estés escuchando, aún cuando dudes que pudiera ser Yo, ahí estoy; esperando la más pequeña seña! que me permita entrar. Quiero que sepas que cada vez que me invitas. Yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinitos, trayendo los múltiples dones de mi Espíritu. Vengo con mi misericordia, con mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Te conozco como la palma de mi mano, sé todo acerca de , hasta los cabellos de tu cabeza he contado. No hay nada en tu vida que no tenga importancia para mí. Sé lo que hay en tu corazón, conozco tu soledad y todas tus heridas, los rechazos, las humillaciones

Madre Teresa de Calcuta