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Miércoles Santo.
Is 50, 4-9; Sal 68, 8-10. 21-22. 31. 33-34.

Evangelio según San Mateo 26, 14-25

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego?”. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?”. Él respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: ‘El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’”. Ellos hicieron como Jesús le había ordenado y prepararon la Pascua. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: “¿Seré yo, Señor?”. Él respondió: “El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”. Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: “¿Seré yo, Maestro?”. “Tú lo has dicho”, le respondió Jesús.

Triduo Semana Santa: «Camino de la Luz»

Te invitamos a participar HOY del retiro espiritual presencial y online. Nos encontramos hoy 20:00hs en el canal de Youtube Nuestra Señora de los Milagros. A partir de ese horario encontrarás el material aquí para realizar tu oración y dedicar un «tiempo de luz» en tu Semana Santa.

Si deseas asistir presencialmente el retiro se realiza en el Santuario Ntra. Sra. de los Milagros, Santa Fe, Argentina.

La muerte
El grito y el silencio son los dos polos de la vida espiritual

También los bandidos crucificados con él lo injuriaban. A partir de mediodía se oscureció todo el territorio hasta media tarde. A media tarde Jesús gritó con voz potente: Eli, Eli, lema sabactaní (o sea, Dios MÍO, Dios MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?). Algunos de los presentes, al oírlo, comentaban: A Elías llama éste. Enseguida uno de ellos corrió, tomó una esponja empapada en vinagre y le dio a beber. Los demás dijeron: Espera, a ver si viene Elías a salvarlo. Jesús, lanzando un nuevo grito, expiró. El velo deltemplo se rasgó en dos de arriba abajo, la tierra tembló, las piedras se rajaron. (Mt 27,44-51)

El mayor dilema existencial no es simplemente la muerte, sino la muerte del hijo: no sólo morir a uno mismo, sino a la propia obra. Morir al hijo es morir a lo que más se quiere. Quien muere en la cruz no es el ego, sino el yo profundo; no se muere sólo a lo malo, sino también a lo bueno. Muere el yo (el testigo) para que renazca Dios (el Testigo del testigo).
Este dilema de la cruz -síntesis de todo el cristianismo- tiene su presagio en la historia de Abraham: Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac, vete al país de Moría y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré (Gn 22,1-18).
Abraham -lo sabemos- no retuvo para sí su condición de padre, sino que la entregó. No se identificó con la hermosa misión de la paternidad- que, por otra parte, era Dios mismo Quien le había concedido. Fue así, renunciando a lo que más quería, como accedió a la paternidad no ya sólo de Isaac, sino de una generación de creyentes tan incontable como las estrellas. Le guste o no, con estos precedentes todo cristiano tiene un norte muy claro: el sacrificio.

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