14JUE

Jueves Santo de la Cena del Señor.
Éx 12, 1-8. 11-14; Sal 115, 12-13. 15-18; 1Cor 11, 23-26.

Evangelio según San Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, éste le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”. Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”. “No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!”. Jesús le respondió: “Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”. “Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”. Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”. Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes”.

Especial Semana Santa: Sentimientos de Pasión

Esta Semana Santa te invitamos a vivir con los sentimientos de la Pasión para poder adentrarnos más en el misterio de su muerte y resurrección. Jueves Santo: Amor. Viernes Santo: Soledad. Sábado Santo: Desesperanza.
Domingo de Pascua: Alegría.

Jueves Santo. Un día para celebrar el Amor

Los ignacianos, bien enseñados por San Ignacio, sabemos que el amor es acción. Si el amor queda sólo en razonamientos y justificaciones es un amor incompleto.

Pero hay que reconocer que esta separación entre obra y palabra es algo nuestro o de nuestra época. En la Biblia, no existe tal división.

Ya desde el inicio se ve que lo que Dios dice lo hace: “dijo Dios ‘haya luz’, y hubo luz” (Gen 1,3). Así, en el inicio Dios ha creado el universo por su palabra, y así lo llevará a plenitud en la Jerusalén Celestial del Apocalipsis. Creación, Palabra y Amor van juntos en nuestra historia de Salvación.

En el Jueves Santo se revive la totalidad de la historia pero en lo concreto de un día. Según Ex 12,11 es el día en que se recuerda la pascua del Señor, es decir, el paso de Dios por la vida del pueblo. Dios pasa pero también pasa el pueblo. Pues es el mismo pueblo el que atraviesa el Mar rojo, pasando de la oscuridad de la esclavitud en Egipto a la luz de la libertad en la tierra prometida. Una tierra que es promesa pero también destino.

Jesús, como buen judío, también celebraba la pascua. Pero no era sólo un rito que debía cumplir. Él vive su propia pascua, “el paso de este mundo al Padre”. Por eso, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Jn 13,1). Jesús vive el Amor que se hace acción, que se hace gesto concreto de servicio, y por eso crea una nueva realidad, un nuevo modo de relación, no desde la soberbia que se posiciona desde arriba sino desde la humildad que sirve desde abajo. Su vida hecha Palabra se convierte en acción que sirve y ama.

También para nosotros, la Pascua supone un paso, un movimiento. Y nadie se mueve permaneciendo en el mismo lugar o en la misma situación. El movimiento siempre se da ‘desde aquí hacia allá’ o ‘de esto hacia aquello’. Tal vez sea un movimiento de retorno, de vuelta a casa, o un movimiento de salida de uno mismo hacia otros. Pero debe ser un movimiento de creación, que traiga vida, como la creación misma de Dios.

El Jueves Santo es el día para recordar al amor. Es el día para celebrar nuestra libertad de hijos y hermanos. Es el día para animarnos a compartir el mismo pan, para ser com-pañeros de camino.

Alfredo Acevedo, SJ.