28JUE

De la feria. San Pedro Chanel, presbítero y mártir. San Luis María Grignion de Montfort, presbítero.
Hech 5, 27-33; Sal 33, 2. 9. 17-20.

Evangelio según San Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo está por encima de todo. Él da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Cada día puede ser fiesta

Cada día puede ser fiesta en tu vida, si dentro de ti cultivas el amor, la esperanza y haces un poco más felices a los demás.

Cada día puedes hacer el milagro de que alguien renazca a la vida. No podrás resucitar los cuerpos muertos, pero siempre estará en tus manos resucitar corazones moribundos. Basta que les digas que los amas.

Cada día pueden nacer nuevas vidas. Es suficiente que tú les ofrezcas el calor de la tuya. El calor de una vida es como el calor del sol, que hace brotar las semillas ocultas en la tierra.

Cada día puedes hacer el milagro de una sonrisa, de una palabra, de un gesto. Esos milagros también pueden sanar los cuerpos heridos por el sufrimiento.

Cada día puede haber más luz dentro de ti. Basta que enciendas dentro la luz de la esperanza.

Y si el viento del fracaso te la apaga, vuelve a encenderla. Tú eres más capaz de encenderla, que el fracaso de apagarla.

Cuando todo lo veas oscuro, sin horizonte y sin mañana, recuerda los días de luz que ya has vivido. También ellos volverán a brillar en tu vida.

Cuando ya no tengas nada de luz dentro de ti, no la busques en los fuegos artificiales de las evasiones. Sencillamente ponte de rodillas y dile a Dios: “Señor, Sé Tú mi luz”, para que “yo pueda ser tu luz”.

Jesús quiere que seamos que así como el sol que al día siguiente amaneció en el jardín y despertó la alegría en Adán, así que el sol de nuestras vidas despierte a los que llevan el alma y el corazón dormido.

Clemente Sobrado.