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San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia. (MO).
Jer 28, 1-17; Sal 118, 29. 43. 79-80. 95. 102.

Evangelio según San Mateo 14, 13-21

Al enterarse de la muerte de Juan el Bautista, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Éste es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos”. Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos”. Ellos respondieron.: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados”. “Tráiganmelos aquí”, les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Al despertar agradezco

Al despertar agradezco a la vida,
y nunca quisiera volver a dormir.
Quiero que ese gracias sea mi alimento y mi aliento;
sea mi grito y mi canto, sea mi compromiso y mi destino,
sea mi pasión y mi ilusión.
Quiero que ese gracias sea,
a fin de cuentas, mi muerte.
Para con otros ‘gracias’ resucitar juntos.
Despertar con los pobres.
despertar con los excluidos y hasta vendidos.
Despertar con los migrantes,
despojados de sus tierras.
Despertar defendiendo la tierra y el agua.
Despertar en tu Reino presente entre nosotros.
Despertar encarnando tus sueños.

Marcos Alemán, SJ.