08LUN

Santo Domingo, presbítero. (MO).
Ez 1, 2-5. 24-28; Sal 148, 1-2. 11-14.

Evangelio según San Mateo 17, 22-27

Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres lo matarán y al tercer día resucitará”. Y ellos quedaron muy apenados. Al llegar a Cafarnaúm, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: “¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?”. “Sí, lo paga”, respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: “¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?”. Y como Pedro respondió: “De los extraños”, Jesús le dijo: “Eso quiere decir que los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti”.

Sanar

Poder sanar algunas cosas, es un proceso continuo de transformación desde adentro, que además implica el tener el valor de ver la herida y querer abrirla un poco para desinfectar todo lo que por mucho tiempo quedó tapado con simples curitas.

Querer sanar es también saber que va a doler un poco, o mucho, según la profundidad de la herida, pero que si eso no sucede entonces nunca va a cicatrizar.

Estoy convencida de que poder ver dónde está el foco de lo que nos pasa, es un proceso personal y comprometido, pero estoy más convencida aún de que nunca sanamos solos.

Hay personas que tienen el amor de ayudar a sanar a los demás, así como seguramente también han sanado ellas, muchas de sus heridas.
Hay personas que con amor verdadero y paciencia nos ayudan a ver cosas que desde nuestro lugar, en ese momento, no podemos ver bien.
Personas que con paciencia te ayudan a cambiar las cosas de lugar para que puedas verte,a través de otros ojos, de esos que te miran como si entendieran todo lo que pasó y las razones por las cuales a veces tuvimos que aprender a protegernos.

Personas que te acercan a todo lo que hace bien, que ayudan a reconectar lazos indispensables con la familia, con los sueños, con lo que siempre estuvo encendido en el corazón.

Y el proceso sigue siendo interno, pero hacen que existan cascaritas que ya no te querés rascar más, que un día sin darte cuenta ya no te pican, y se terminan cayendo solas cuando menos te das cuenta.

Sanar es un proceso personal, pero la vida nos da estos regalos en forma de almas y nos demuestra que aunque pareciera que podemos todo solos, cuando alguien te da la mano se puede más.

Y claro que cuesta un montón, pero no tenemos que andar probando que somos el ave fénix frente a todo, siempre. No tenemos que demostrar que somos guerreros matando dragones. Porque en la fragilidad de aceptarnos humanos y aceptar que la ayuda mutua y el amor a veces nos cambia la vida, también está la fortaleza.

La fortaleza de animarnos a compartir la vida sin miedo a que nuestra vulnerabilidad se rompa. Sanar es personal.

Pero bendita esa gente que sabe besar las heridas para que vayan doliendo menos, cada día, cada vida.

Cin Wololo