09MAR

De la feria.
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir. (ML).
Ez 2, 8—3, 4; Sal 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131.

Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

Los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: “¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?”. Jesús llamó a un niño lo puso en medio de ellos y dijo: “Les aseguro que si ustedes no cambian y no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre me recibe a mí mismo. Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial. ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”.

Un hogar

Siempre ha sido un hogar
y no, no piensen que hablo de algo místico
o simplemente de algo que suena muy bonito, pero vacío.

Lastimosamente tendemos a poner todo en las nubes
cuando el cielo está tan cerca que hasta lo ignoramos.

Ha sido un hogar en el amigo que me vió llorar
y corrió, sin saber que decir, para estar conmigo.
En las manos de mi papá que aún trabajan sin descanso
o en las de mi mamá que no sabe que cocinar para gritarme que me ama.

Un hogar en los gestos bonitos de quienes me rodean,
en los que nunca se cansan de querer…

En fin, el Corazón de Dios es un hogar,
más humano que místico,
cercano, con rostro, con nombres,
que siempre sorprende, acoge y está dispuesto a amar.

Alexánder, sc.