14DOM

20° durante el año. Semana 4ª del Salterio.
(San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir).
Jer 38, 3-6. 8-10; Sal 39, 2-4. 18; Heb 12, 1-4.

Evangelio según San Lucas 12, 49-53

Jesús dijo a sus discípulos: Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

«Se trata de asumir las consecuencias de vivir en la verdad de la propia vida».

Qué raro resulta escuchar estas palabras de Jesús. Acostumbrados al lenguaje de la paz y la reconciliación, nos llama la atención que hable de tal manera de la división. Tenemos la tentación de pasar de largo este Evangelio. Hacer de cuenta que no existe. Pero está ahí, hablando e interpelando.

La verdad divide porque ilumina. E iluminando devela lo que no funciona, lo que está roto, lo que se está pudriendo. Obliga a decidirse, a tomar opciones, a elegir qué camino tomar. Las encrucijadas existen y separan.

Ese es el fuego que trae Jesús, el que muchos quisieron apagar. ¿Y nosotros? ¿Cuántas verdades nos asustan? ¿Cuántas veces es más sencillo callar y pasar desapercibida una verdad, antes que decir la palabra que incomoda? No se trata de buscar la división. Se trata de asumir las consecuencias de vivir en la verdad de la propia vida.

Francisco Bettinelli, SJ.

Encontra los puntos para tu oración de cada día en el «Cuaderno Espiritual«. Conseguí el tuyo mandando un Whatsapp al +54 9 3425 56-8621 o ingresando en la página de la Editorial Corintios 13

Oración a San Maximiliano Kolbe

Oh Señor Jesucristo, que dijiste «nadie tiene mayor amor
que quien da la vida por sus amigos», por medio de la
intercesión de San Maximiliano Kolbe cuya vida es una
ilustración de ese amor, te suplicamos nos concedas
nuestras peticiones… (Mencionar aquí la gracia).

El dio su vida por un completo extraño y amó a sus
perseguidores, dándonos con ello un ejemplo de amor
desprendido por todos los hombres, un amor que estaba
inspirado por una verdadera devoción a María.

Concédenos, oh Señor Jesús, que
también nosotros podamos
entregarnos enteramente sin reservas
por el amor y el servicio a nuestra
Reina del Cielo para mejor amar
y servir a nuestro prójimo a
imitación de tu humilde
siervo San Maximiliano.