26VIE

De la feria. San Ceferino Namuncurá.
1 Cor 1, 17-25; Sal 32, 1-2. 4-5 10-11.

Evangelio según San Mateo 25, 1-13

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?”. Pero éstas les respondieron: “No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado”. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”, pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

La alegría como signo

Que tu alegría, Jesús brille en nuestros rostros.  Enséñanos a ser alegres como Tú. Alegres porque tanto nos amó el Padre que te envió para nuestra salvación.

Alegres porque has venido, has compartido nuestras penas, y nos has dado la mayor prueba de amistad. Alegres porque siempre estás con nosotros,
presente en nuestra historia. Alegres porque nos estás preparando un lugar
en el que podamos compartir plenamente tu gozo. Concédenos, Jesús, la felicidad de entregar nuestras vidas al servicio de los demás, y que nuestro compromiso por los marginados sea nuestra mayor fuente de felicidad.

Concédenos la felicidad de los pobres con espíritu, con hambre y sed de justicia. Danos esa felicidad que sólo Tú sabes dar en medio de incomprensiones y persecución. Que las pruebas y persecuciones, llevadas en la alegría del Espíritu,
nos ensanchen el corazón y se conviertan en riqueza de generosidad para con todos.

Tú que eres nuestro único bien, Señor, nos haces entrever perspectivas de gozo eterno, pues sabemos que cuando nos encontremos cara a cara, nuestro corazón se llenará de un gozo inenarrable, que nadie podrá ya sacarnos jamás. Sabemos que en todo triunfaremos gracias a la fuerza de tu amor.

Anónimo.