28DOM

22° durante el año. (San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia).
Semana 2ª del Salterio.
Eclo 3, 17-18. 20. 28-29; Sal 67, 4-5. 6-7. 10-11; Heb 12,18-19.22-24.

Evangelio según San Lucas 14, 1.7-14

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: “Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: “Déjale el sitio”, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: “Amigo, acércate más”, y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado”. Después dijo al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”.

“¿Cómo se manifiesta en mi cotidianeidad mi gratitud, mi gratuidad o mi humildad?”.

Muchas veces podemos andar por la vida buscando compensaciones, reconocimiento, recompensas o retribuciones a lo que hacemos o decimos. Estamos expuestos a dejarnos conducir por intereses egoístas que, si no estamos atentos, tienen toda la fuerza para convertirse en motores de nuestras acciones.

El Evangelio nos confronta con dos actitudes de nuestra vida cotidiana, porque es en lo objetivo de nuestras acciones en donde podemos reconocer lo que verdaderamente nos mueve: andamos con humildad o nos relacionamos desde la prepotencia, el egoísmo o la manipulación.

¿Vamos buscando figurar y ser reconocidos, actitud que lleva consigo la comparación y el desplazamiento de otros a un segundo plano? ¿Nos relacionamos con el fin de amar y servir o, más bien, son nuestras conveniencias e intereses los que direccionan nuestro trato, palabras y acciones hacia los demás? ¿Cómo se manifiesta en mi cotidianeidad mi gratitud y mi gratuidad? ¿Cómo se manifiesta mi humildad?

Marcelo Amaro, SJ.

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Oración del convertido

¡Oh Dios, creador de todas las cosas!
Concédeme primero el don de saber pedirte;
después, el de hacerme digno de ser escuchado,
y, finalmente, el de ser libre.

¡Escucha, escucha, escúchame,
oh Dios mío!, Padre mío,
causa mía, esperanza mía,
posesión mía, honor mío,
mi casa, mi patria,
mi salud, mi luz
y mi vida.

¡Escucha, escucha, escúchame,!
de esa manera tuya, de tan pocos conocida.

Ya sólo te amo a ti,
sólo te sigo a ti,
sólo te busco a ti,
y sólo a ti estoy dispuesto a servir,
porgue eres el único que tiene derecho a mandar,
y a ti sólo deseo pertenecer.

Dame órdenes, te lo ruego;
Sí, mándame lo que quieras,
pero sáname antes y abre mis oídos
para que pueda oír tu voz.

Sana y abre mis ojos
para que pueda ver las indicaciones de tu voluntad;
aparta de mí la ignorancia,
para que te conozca.

Dime adonde tengo que mirar para verte,
y confío en que cumpliré fielmente, todo lo que me mandes

Amén, amén.

San Agustín.
(Soliloquios 1, 1, 2.4-5).