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De la feria.
Is 35, 1-10; Sal 84, 9. 10-14.

Evangelio según San Lucas 5, 17-26

Un día, mientras Jesús enseñaba, había entre los presentes algunos fariseos y doctores de la Ley, llegados de todas las regiones de Galilea, de Judea y de Jerusalén. La fuerza del Señor le daba poder para sanar. Llegaron entonces unas personas trayendo a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para ponerlo delante de Jesús. Como no sabían por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron a la terraza y, desde el techo, lo bajaron por entre las tejas con su camilla en medio de la concurrencia y lo pusieron delante de Jesús. Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados”. Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: “¿Quién es éste que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?”. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: “¿Qué es lo que están pensando? ¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados están perdonados’, o ‘Levántate y camina’? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa”. Inmediatamente se levantó a la vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios. Todos quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios, diciendo con gran temor: “Hoy hemos visto cosas maravillosas”.

Un trocito de pequeñez

La pequeñez nos reclama a su manera
que nos dejemos atrapar de su manito tierna
para gustar la suavidad que nos renueva
y dejarnos llevar donde quieto el corazón se queda.
Para poder entender lo que tarda pero siempre llega
y animarnos a creer cuando nada aún se vea.
Para sacar la bondad que nos llama a abrir las puertas
y a-migar las entrañas con los que vienen a la mesa.
Para llorar con confianza lo que por dentro nos aprieta
y sabernos seguros que sus deditos nos sujetan.
En esta Navidad, nuestro Dios de cerca,
si nos ves distraídos, tu tironcito venga
a ponernos contigo, donde el Amor nos apesebra!

Javier José Albisu.