09VIE

San Juan Diego Cuauhtlatoatzin (ML).
Is 48, 17-19; Sal 1, 1-4. 6.

Evangelio según San Mateo 11, 16-19

Jesús dijo a la multitud: ¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: “¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!”. Porque llegó Juan el Bautista, que no come ni bebe, y ustedes dicen: “¡Está endemoniado!”. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras.

Juan Diego, enséñanos a ser Hijos de María

Juan Diego, tu fuiste el mensajero, el apóstol de nuestra Señora.
Juan Diego, tu fuiste su embajador.
Juan Diego, tu contemplaste a María en el cerrito del Tepeyac.
Juan Diego, fuiste el siervo obediente a María y a su Hijo “El verdadero Dios por Quien se vive”

Juan Diego, tu fuiste el que portó la antorcha cuando todo parecía estar oscuro.
Juan Diego, tu te reconociste indigno de ser el pregonero de la esperanza para un pueblo que vivía en una angustiosa desesperanza.
Juan Diego, tu no te desanimaste ante las dificultades, pues la misma Madre del Verdadero Dios, te dio palabras de aliento.

Juan Diego, tu fuiste un heraldo de María, que portaba en su seno a Cristo.
Juan Diego, a ti María te llamó su “Pequeño Hijo”.
Juan Diego, tu nos enseñas ser Hijos de María: obedientes a su palabra, prestos a su servicio, apasionados por anunciarle a nuestros hermanos, a pesar de la burla o la humillación.

Juan Diego, tu te presentaste a María como Hombre del campo, mecapal1, parihuela, cola, y ala, porque te sentías indigno de ser su mensajero.
Juan Diego, hoy necesitamos muchos como tú, Jóvenes valientes a anunciar el evangelio, y no a anunciarse a sí mismos.
Juan Diego, hoy necesitamos muchos como tú, Jóvenes que a pesar de la humillación no se detengan a caminar y ser pregoneros de la esperanza.

Juan Diego, hoy necesitamos muchos como tú, Jóvenes que se atrevan a salir y a llevar ese tesoro, que tú portaste, la alegría que la virgen te entregó.
Juan Diego, hoy necesitamos muchos como tú, Jóeves que estén dispuestos a entregar su persona al servicio del “Verdadero Dios por quien se vive”.

Juan Diego, enséñanos a ser Hijos de María, dispuestos a llevar al evangelio donde aún no llega, a subir al tepeyac y ver cómo nuestra Madre hace florecer en los tiempos y lugares donde aún “no se dan” por la aridez de nuestras personas y por nuestra poca disponibilidad a dejar los ídolos.

Ernesto Camarena.

(1) Este y el siguiente término, son instrumentos de carga, aún en uso en muchas partes de México, estas expresiones vienen tomadas del Nican Mopohua (El Relato de las apariciones) número 55. Son expresiones de mucha humildad, tomadas de los refranes y modos de hablar. Es como si Juan Diego dijera “No soy más que un animal de carga”.