02DOM

San Basilio Magno y Gregorio de Nacianzo.
Semana 2ª del Salterio.
Ecli 24, 1-2. 8-12; Sal 147, 12-15. 19-20; Ef 1, 3-6. 15-18.

 

Evangelio según San Juan 1, 1- 18

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

«Nace y asume la realidad humana para ser luz verdadera que ilumina a todo hombre».

El evangelio de hoy se escucha mirando al pesebre, frente al niño envuelto en pañales, en brazos de María, bajo el cuidado de José.

Nos invita a mirar mi vida bajo la frase: “todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de cuanto existe”. San Ireneo decía que, al crear al ser humano, Dios tomó como modelo a Cristo Resucitado. Quiere decir que todas las cosas que me suceden pueden ser comprendidas en clave pascual, como si fuesen pequeñas muertes y resurrecciones.

El niño Jesús en el pesebre comenzó a vivir en clave pascual. Nace en pobreza, se convierte en migrante que huye porque Herodes quiere matarlo y cuando vuelve del exilio pasa inadvertido como el hijo del carpintero. En cada una de esas micro muertes realiza nuestra redención.

Jesús se hace solidario con toda la humanidad sufriente, herida de violencia y maltratada por la injusticia. Nace y asume la realidad humana para ser “luz verdadera que ilumina a todo hombre”.

Agustín Rivarola, SJ.
Cuaderno Espiritual. 

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Decálogo de la serenidad

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.

3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.

8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9. Sólo por hoy creeré firmemente – aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.

10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

Juan XXIII