08SAB

De la feria. (Después de Epifanía).
1Jn 4, 7-10; Sal 71, 1-4. 7-8.

Evangelio según San Marcos 6, 34-44.

Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Éste es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a los campos y poblaciones cercanos a comprar algo para comer”. Él respondió: “Denles de comer ustedes mismos”. Ellos le dijeron: “¿Tendríamos que ir a comprar doscientos denarios de pan para dar de comer a todos?”. Jesús preguntó: “¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver”. Después de averiguarlo, dijeron: “Cinco panes y dos pescados”. Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres.

No dejes de amarnos

¡Qué extraño trato con Dios…!
¡Señor, concédeme esto!
¡Señor, que consiga tal cosa!
¡Señor, cúrame!

Como si Dios no supiera, mejor que nosotros,
lo que necesitamos.

¿Acaso el pequeño dice a su madre:
“Prepárame tal papilla”?
¿O el enfermo al médico:
“Recéteme tal medicina”?

¿Quién podrá decir si lo que nos falta
no es cosa peor que lo que tenemos?

Digamos, pues, tan sólo esta plegaria:
“Señor, no dejes nunca de amarnos…”

Raoul Follereau