20JUE

De la feria.
1Sam 18, 6-9; 19, 1-7; Sal 55, 2-3. 9-13.

Evangelio según San Marcos 3, 7-12

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como sanaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”. Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.

«La vida puede ser fascinante si uno corre el riesgo de amar».

Yo fui llamado hermano. Y eso transformó mi vida para siempre. ¿Qué significa aprender a ser hermano de otro? ¿Qué significa salir al encuentro de otro sin dejar de ser uno mismo y sin querer anular al otro para ser yo mismo? ¿Cómo aprender a encontrarnos?

Esta experiencia me llevo a muchas casas, a muchas sonrisas, a muchas historias. La vida compartida con el otro, con el diferente puede ser muy amenazante si es que uno no tiene clara su identidad, pero puede ser muy fascinante si uno corre el riesgo de amar. 

Y conocer realmente al otro, no es simplemente leer, no es simplemente mirar. Es afectarse, es conmoverse. Es permanecer en esa relación. Es gustar y sentir, es reirse juntos, es trabajar. Es llorar también los desafíos. Involucrarnos unos con otros. Eso es compartir la vida. Eso es realmente encontrarnos.

(…) La libertad que buscamos, la tuya, la mía, la del mundo, no es solamente una libertad de la opresión, sin duda, esa es una dimensión importante de la libertad; pero la libertad que buscamos es la libertad para encontrarnos. Para correr el riesgo del amor. Libertad para poder tocarnos, para poder mirarnos a la cara. Libertad para poder construir algo juntos. Queremos la libertad de todos y de todas.

Las luchas nos desconciertan. Las luchas nos incomodan. Pero las luchas también nos despiertan. ¿Cuál es tu lucha? ¿Por qué estas dispuesta y dipuesto a dar la vida? ¿Tenes una razón por la cual darlo todo? Porque si no tienes una razón para morir, tampoco tienes una buena razón para vivir. 

Cristóbal Fones, SJ.
Mi experiencia viviendo en Anillen.