30DOM

4° durante el año. Semana 4ª del Salterio.
Jer 1, 4-5.17-19; Sal 70, 1-4ª. 5-6b. 15 ab. 17; 1Cor 12, 31—13,13.

Evangelio según San Lucas 4, 21-30

Después que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: “¿No es éste el hijo de José?”. Pero él les respondió: “Sin duda ustedes me citarán el refrán: ‘Médico, sánate a ti mismo’. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm”. Después agregó: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, el sirio”. Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

«Aun cuando no entendamos lo que pasa, confiamos en el poder de su amor».

Aquí nos encontramos con un Jesús despojado de todo problema, sorteando los escollos con altura, con discreción, siendo fiel a su camino. Camino no exento de dificultades ciertas y de dolor, pero también repleto de nombres, de gestos de cariño, que le permiten y nos permiten emularlo para terminar de convencernos de una vez y para siempre que Él es el Camino.

Dejemos que Jesús camine a nuestro lado como compañero, como fiel amigo. Emulemos su libertad de espíritu, de manera que sólo pongamos nuestra confianza en sus promesas para vivir un poquito menos distraídos del regalo que es Jesús de Nazaret para nuestras vidas.

Luciano Esnaola, SJ.
Cuaderno Espiritual. 

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Solo los amados, aman

Ayúdate tú primero. Sólo los amados aman.
Sólo los libres libertan. Sólo son fuentes de paz
quienes están en paz consigo mismos.

Los que sufren, hacen sufrir.
Los fracasados necesitan ver a otros fracasar.
Los resentidos siembran violencia.
Los que tienen conflictos provocan conflictos a su alrededor.
Los que no aceptan no pueden aceptar a los demás.

Es tiempo perdido y utopía pura pretender dar a tus semejantes lo que tú no tienes. Debes empezar por ti mismo.

Motivarás a realizarse a tus allegados en la medida en que tú estés realizado.
Amarás realmente al prójimo en la medida en que aceptes y ames serenamente tu persona y tu pasado.

“Amarás al prójimo como a ti mismo”, pero no perderás de vista que la medida eres “tu mismo”.
Para ser útil a otros, el importante eres tú mismo.

Sé feliz tú y tus hermanos se llenarán de alegría.

Ignacio Larrañaga.