06DOM

5° durante el año. Semana 1ª del Salterio.
San Pablo Miki y compañeros, mártires. 
Is 6,1-2ª. 3-8; Sal 137, 1-5.7c -8; 1Cor 15,1-11.

Evangelio según San Lucas 5, 1-11

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

«Somos capaces de escuchar a Jesús decirnos con confianza y como amigo: No temas».

Contemplemos el lugar donde se desarrolla la acción. Imaginemos la multitud ávida de la palabra sanadora del Maestro. A Jesús de pie, a la orilla, rebosando presencia y autoridad. A los futuros discípulos, todavía humildes pescadores. Y, como fondo, el lago de Genesaret, ese “lugar bíblico” de Galilea donde todo comenzó.

Veamos, ahora, cómo Jesús sube a una primera barca, la de Simón, y enseña a las multitudes. Pero en la labor de evangelización se precisan varias barcas, varios “pescadores de hombres”. Es necesario también un poco de osadía, “navegar mar adentro”, correr riesgos, dejar atrás seguridades. Las barcas se organizan a la voz del Maestro, echan las redes y los frutos llegan abundantes.

Nosotros hoy, en comunidad, estamos llamados a esa misma misión. Nos sabemos indignos, pecadores, y en eso Simón Pedro nos representa, pero también somos capaces de escuchar a Jesús decirnos con confianza y como amigo: “No temas”.

Álvaro Pacheco, SJ.
Cuaderno Espiritual. 

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Ir

Ir bajo tu mirada
Y amar el despojo,
la soledad, el vivir al día.

Ir tras de ti
Y desoír los elogios,
los cantos de sirenas.

Ir contigo
Hacia el último de los lugares
a buscar a los humillados de la historia,
a quienes nada pueden dar a cambio .

Ir hacia ti
y quedarme en ti.

Emmanuel Sicre, SJ.