07LUN

De la feria.
1Rey 8, 1-7. 9-13; Sal 131, 6-10.

Evangelio según San Marcos 6, 53-56

Después de atravesar el lago, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanos.

En marcha

Toca mirar hacia delante. Al comenzar un curso, al reincorporarse al trabajo, al volver al ritmo cotidiano de los días. Tiene algo de monótono (vuelta a la rutina), y al tiempo algo de novedoso (¿qué me deparará este año?). Tiene algo de cómodo (ya se sabe lo que toca), pero también algo de inquietante (¿todo estará bien?).

El comienzo es una ocasión privilegiada para respirar hondo, tragar saliva y empezar a caminar con cierta energía, tomando las riendas del año antes de verme inmerso en vaivenes enormes. Y eso, con los pies muy en el suelo, y la mirada al frente.

Con los pies en el suelo: mi suelo está hecho de mi presente más habitual. Nombres, horarios, rutinas, trabajo, problemas, obligaciones, ocio… Mi suelo está hecho de relaciones personales, algunas muy buenas, otras más difíciles. Está hecho de lo que me gusta hacer y lo que, aunque me disgusta, también me toca.

Está hecho de las calles en las que me muevo, las gentes con las que comparto espacios, los libros pendientes, las horas libres y las saturadas, la tele que veo para pasar el rato… Mi suelo es este espacio en el que transcurre mi vida. Y en mi suelo también está Dios.

Y la vista alzada. Pero no basta con sumergirme en lo cotidiano y lo habitual. Necesito también un horizonte hecho de todas esas cosas que están por llegar, o hacia las que hay que caminar.

Un horizonte que me lanza hacia el futuro, y está constituido por proyectos, planes, propósitos… Lo que me gustaría que ocurra, lo que quiero que sea mi vida, y la de otros, lo que me gusta imaginar de aquí a junio, o incluso a junio del año siguiente si se me ocurriera.

Necesito pararme y saber que hay preguntas que me llevan lejos. Y, al mirar al frente, un poquito más allá de mi suelo, también está Dios, llamándome…

Pastoral SJ.