24JUE

De la feria.
Sant 5, 1-6; Sal 48, 14-20.

Evangelio según San Marcos 9, 41-50

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros.

La alegría

La alegría crea presente. Y, a la inversa, la capacidad deshacerse por entero presente en el instante suscita alegría. La alegría es expresión del ser puro, del presente diáfano. El pensamiento gira siempre alrededor del pasado o el  futuro. La alegría la siento en el presente, y ella me hace presente a mí mismo. En la alegría entro en contacto conmigo. Cuando pienso, siempre estoy alejado de mí. La alegría me aproxima a mí mismo y también al instante presente.

El placer de vivir es el arte de vivir por entero en el instante, de vivir con todos los sentidos, de ver y sentir lo que es justo en este instante. El ser humano nace para ser feliz. Si percibimos la naturaleza con todos los sentidos alerta, conocemos nuestro propio ser, que de por sí tiende a la felicidad. La alegría es para él una suerte de esencia que penetra toda la tierra. Así como el Espíritu de Dios envuelve y al mismo tiempo penetra la tierra, así también la alegría en cuanto atributo de Dios.

La alegría actúa a la chita callando. Apenas la notamos entrar en nuestro corazón. Pero, siempre que no la echemos violentamente, habita allí. Cuando tiene sed, la alegría lame las lágrimas de nuestros sueños. Nos enjuga las lágrimas del rostro, a fin de que no desfiguren más nuestros sueños. La alegría nos pone en contacto con los sueños. Hace que se tornen realidad. La alegría nos colma de vitalidad. La alegría respira ligereza. Al igual que la música, vence la gravedad de la tierra y se eleva en el aire como un pájaro.

También en tu corazón habita ya la alegría. Solo que con frecuencia te mantienes alejado de ella. Entra en contacto con tu alegría. Déjate inspirar por ella. Está dentro de ti, en tu hondón. Nadie puede privarte de ella, porque brota de una fuente más profunda.

La diversión es algo distinto de la alegría. Esta ensancha el corazón humano y le hace bien. La diversión distrae, por lo que a la larga no tiene virtud sanadora. En las entretelas del corazón de toda persona late la alegría: un tesoro que está en nuestra mano desenterrar. Cuanto más desesperadamente busca uno la alegría, tanto más difícil le resulta encontrarla. En ocasiones, la alegría nos sorprende: es ella la que intenta asirnos, sin que nosotros podamos hacer nada para forzarlo. Entonces, todo depende de que nos dejemos agarrar, de que estemos abiertos a la sorpresa divina. Quien paladea la alegría hasta el fondo toca a Dios.

Anselm Grün.

Te invitamos a conocer la vida y la misión espiritual de esta santiagueña, promoviendo la fe y la esperanza de Dios en los pueblos argentinos. Una miniserie de 12 capítulos.
Te invitamos a rezar la novena a partir del día 26 de Febrero.