27DOM

8° durante el año. Semana 4ª del Salterio.
Ecli 27, 4-7; Sal 91, 2-3. 13-16; 1Cor 15, 51. 54-58.

Evangelio según San Lucas 6, 39-45

Jesús hizo esta comparación: ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano! No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas. El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.

«Lo central de la vida es ser buenos».

En la primera pregunta que expresa el Señor, lo primero que nos viene a la mente como respuesta y con sentido común, es que no es posible que un ciego guie a otro ciego. Las otras dos sentencias que manifiesta el texto ya las tenemos que pensar un poco más, y no porque estemos en desacuerdo con el Señor, sino, porque muchas veces podemos descubrir con más claridad la presencia de estas realidades. En las tres sentencias podemos observar que hay una cierta pretensión de colocarse a sí mismos por encima de los demás.

Las últimas frases del texto no se ubican en el nivel del hacer, sino del ser. El hombre saca del tesoro de su corazón lo bueno o lo malo. Jesús muestra dónde está lo central de una vida cristiana que no consiste en hacer cosas buenas, sino en ser buenos. Si la vida se enfoca meramente en el hacer, tarde o temprano llegará la frustración. El bien ha de realizarse como fruto natural de las actitudes profundas del corazón.

Juan Carlos Barrios, SJ.
Cuaderno Espiritual. 

Encontra los puntos para tu oración de cada día en el Cuaderno Espiritual. Conseguí el tuyo mandando un Whatsapp al +54 9 3425 56-8621 o ingresando en la página de la Editorial Corintios 13

Sean buenos

No puedo, no debo omitir una última palabra.

San Ignacio refiriéndose a las condiciones que debían tener sus sucesores (…) dice que son muchas las cualidades necesarias (…). Pero, aun cuando faltaren todas las demás, una no debe faltar: la bondad.

Por tanto, les digo: Sean buenos.

Sean buenos. Buenos en su rostro, que deberá ser distendido, sereno y sonriente; buenos en su mirada, una mirada que primero sorprende y luego atrae. Buena, divinamente buena, fue siempre la mirada de Jesús. ¿Lo recuerdan? Cuando Pedro fue alcanzado y traspasado por aquella mirada divina y humana, lloró amargamente.

Sean buenos en su forma de escuchar. De este modo experimentarán, una y otra vez, la paciencia, el amor, la atención y la aceptación de eventuales llamadas.

Sean buenos -y también esto ha sido sabiamente sugerido- en sus manos. “Manos que dan, que ayudan, que enjugan las lágrimas, que estrechan la mano del pobre y del enfermo para infundir valor, que abrazan al adversario y le inducen al acuerdo, que escriben una hermosa carta a quien sufre, sobre todo si sufre por nuestra culpa; manos que saben pedir con humildad para uno mismo y para quienes lo necesitan, que saben servir a los enfermos, que saben hacer los trabajos más humildes”.

Sean buenos en el hablar y en el juzgar; sean buenos, si son jóvenes, con los ancianos; y, si son ancianos, sean buenos con los jóvenes.

Mirando a Jesús -para ser imagen de Él- sean, en este mundo y en esta Iglesia, contemplativos en la acción; transformen su actividad en un medio de unión con Dios; estén siempre abiertos y atentos a cualquier gesto de Dios Padre y de todos sus hijos, que son hermanos nuestros.

Pedro Arrupe, SJ.

Día segundo: Crucifijo tallado por los indígenas que llevó la Beata Mama Antula en sus viajes como misionera de los Ejercicios Espirituales

Santa Cruz de Jesucristo, tallada por los indígenas y que llevaba la Beata Mama Antula por tantos caminos y parajes, danos la gracia de llevarte con alegría y aprender a cargar la cruz de nuestro prójimo.

Pedimos la gracia que queremos alcanzar.

Rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Oración pidiendo su pronta canonización:

Señor, que hiciste de María Antonia de San José un modelo de mujer fuerte, entregada a EVANGELIZAR A LOS POBRES y a propagar la práctica de los Ejercicios Espirituales, te pedimos que completes tu obra dándole la corona de los santos, para ejemplo y alegría del pueblo argentino. 

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén 

Te invitamos a conocer la vida y la misión espiritual de esta santiagueña, promoviendo la fe y la esperanza de Dios en los pueblos argentinos. Una miniserie de 12 capítulos.