03DOM

14° durante el año. Semana 2ª del Salterio.
Santo Tomás, apóstol.
Is 66, 10-14; Sal 65, 1-3ª. 4-7ª.16.20; Gal 6, 14-18.

Evangelio según San Lucas 10, 1-12. 17-20

El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!”. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: “El Reino de Dios está cerca de ustedes”. Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: “¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca”. Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad”. Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”.

«Esta misión es desafiante, vamos a esos lugares en los cuales no seremos bien recibidos por todos, él también irá».

Este modo de proceder de Jesús tiene que ver mucho con la amplitud de su mirada. Primero elige 12 a quienes inviste con gran autoridad y que “tienen que hacer lo que han visto y anunciar lo que han oído” (Alonso Schökel).

Después elige 72 que “envió por delante, de dos en dos, a todos los lugares a donde Él pensaba ir”. Lo que sigue después son las recomendaciones. Sabe que los envía como ovejas en medio de lobos y se los advierte, pero Él también irá a esos lugares. Los envía para ofrecer la paz, a anunciar que el reino de Dios ha llegado. Esta misión es desafiante, vamos a esos lugares en los cuales no seremos bien recibidos por todos, él también irá. En la misión tenemos que cuidarnos mucho del exitismo, la misión se hace en medio de lobos, ofreciendo la paz aunque algunos (o muchos) la rechacen.

Alejandro Gauffin, SJ.

Consejos al Tomás que
todos llevamos dentro

Tocar para ver. Ver para creer.
Enrocarte en la sospecha,
en garantías y cautelas.
Pensar mal, y acertar.

¿De verdad quieres ese camino?

Tú, de la gente, piensa bien,
y acertarás,
aunque te equivoques.

Tú elige creer para ver.
Creer en el amor,
que es posible, aunque a veces
se haga el escurridizo.
Creer en el vecino, que es persona,
y siente, come, ríe y pelea,
como tú, con sus razones y sus errores.
Creer en el futuro, que será mejor
cuanto mejor lo hagamos.
Creer en la humanidad,
capaz de grandes desatinos,
pero también de enormes logros.
Creer en la belleza, individual,
única, que se sale de los cánones
y se encuentra en cada persona.
Creer en las heridas de Dios,
nacidas de su pasión por nosotros.

Entonces verás,
con el corazón desbocado
por la sorpresa y el júbilo,
al Señor nuestro
y Dios nuestro
que se planta en medio,
cuando menos te lo esperas.

José María R. Olaizola, SJ.

Día cuatro: Sede de la Sabiduría Divina

Oración Inicial

Virgencita de Itatí, que con ser la Pura y Limpia eres también refugio de pecadores, nosotros tus hijos, atraídos por tu mirada llena de bondad y comprensión venimos a ofrecerte todo nuestro ser: todo lo que somos, todo lo que hacemos, todo lo que amamos, todas nuestras esperanzas y también todos nuestros temores y preocupaciones, todas nuestras necesidades espirituales y materiales y especialmente (se dice la gracia que se pide en esta novena).

Se reza un Avemaría

Te pedimos Madre que hagas por nuestro deseo y así presentes nuestra ofrenda y nuestra necesidad al Dios Todopoderoso, para que seamos por Tu mediación escuchados y socorridos. Pero danos, sobre todo, María, Nuestra Señora de Itatí, una fe fuerte que nos haga descubrir el paso Misericordioso de tu Hijo Jesús en cada acontecimiento de nuestra vida, aún en medio de lo que pueda costarnos aceptar, de reconocer la Santa Voluntad del Señor y de comprender que Él todo lo dispone para nuestro bien. Haznos también, Estrella de Evangelización que, al conocer cada día más el inmenso amor del Señor, creamos en Él y así lo anunciemos con la vida a todos nuestros hermanos. Amén.

Lectura Bíblica del cuarto día:

“María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lucas 2, 19)

La contemplación de María está hecha de Palabra, de Cruz y de Espíritu Santo. Dios la hizo esencialmente contemplativa porque tenía que cooperar íntimamente con la obra redentora de Jesús.
La contemplación, meditando en el corazón, como en María Santísima, es don del Espíritu Santo. Se nutre de la Palabra, exige reflexión serena, detenida, profunda e íntima. Y como María, da respuesta, desde el silencio, a las exigencias y expectativas, al sufrimiento y la esperanza, de los que nos rodean.
Nuestra Señora de Itatí acompáñanos a una serena adoración y a un gozoso encuentro con el Señor desde la Santa Escritura y desde la Santa Eucaristía.

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

Oración Final

Tiernísima Madre de Dios y de los hombres que, bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, miraste con ojos de misericordia por más de tres siglos a todos los que te han implorado, no deseches ahora las súplicas de tu hijo, que humildemente recurre a ti.
Atiende mis necesidades, que tú, mejor que yo, conoces, y sobre todo Madre mía, concédeme un gran amor a tu divino Hijo Jesús, y un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en la tentaciones y consuelo en la muerte. Amén.