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De la feria. Santa María Goretti, virgen y mártir. (ML).
Santa Nazaria Ignacia March Mesa, virgen. (ML).
Os 10, 1-3. 7-8. 12; Sal 104, 2-7.

Evangelio según San Mateo 10, 1-7

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: “No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el reino de los cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”.

Mi vida tiene mucho de regalo

Cuántas veces creo que mi vida la voy construyendo con mis propias fuerzas! Soy yo el que estudio, soy yo el que entrena duro, soy yo el que trabaja y me gano el pan con el sudor de mi frente, soy yo el que se despierta todas las mañanas para ir al colegio, al gimnasio, al trabajo. Me voy montando la vida con mis recursos y no necesito de nadie. Y me merezco el descanso, me merezco el reconocimiento, me merezco la moto, el móvil, la casa. Necesito, después de una jornada de clases, o de estudio, o de trabajo, llegar a mi casa y que la comida esté en la mesa, que mi ropa esté limpia y el cuarto ordenado y a veces que nadie me moleste porque tengo muchas cosas que hacer. Tengo que seguir viviendo mi vida, currándome mi futuro y…¡cuánto me cansa seguir así!

Sin embargo hay momentos en que vivo y veo las cosas de manera distinta. Hay momentos en que caigo en la cuenta de la gente que ha pasado por mi vida, personas concretas que les pongo nombre, rostro. Personas que han acogido mi vida, personas que sé que me quieren y que las necesito, que me han apoyado en un momento concreto o que sé que están ahí siempre. Amigos con los que puedo reír y a veces llorar, compartir un rato de charla o salir a dar una vuelta. Y entonces, empiezo a comprender que mi vida tiene mucho de regalo. Me resisto, no quiero verlo. Quizá no sea tan fuerte como creo. Quizá lo que vivo, lo que tengo, lo que hago, no me pertenece tanto como pensaba. Quizá me estoy apropiando de los dones que se me van dando en la vida. Y entonces, poco a poco, empieza a surgir en mí el agradecimiento. Y me esponjo, me relajo, me hago menos exigente y más comprensivo. En definitiva me coloco en mi lugar, caigo de la nube y piso tierra…¡vuelvo a casa! Ahora no quiero salir de ahí porque eso me abre. Vuelvo a mirar el mundo con ojos nuevos. Hago lo mismo que antes, estudio, trabajo, entreno…pero desde el agradecimiento. Ya no soy el centro de la vida, ya no son mis fuerzas las que soportan todo. Ya no me siento tan merecedor de tanto. Ahora reconozco que en la vida se me ha regalado todo.

Hay algunas cosas en la vida que no dependen de méritos ni premios. Hay algunas cosas que no tienen precio ni motivo. Y quizás al darse uno cuenta de lo que es gratuito, la exigencia se vuelve gratitud, y la pobreza le hace a uno rico. Y entonces todo está mejor.

Quique Gómez-Puig, SJ.

Día siete: Corazón contemplativo

Oración Inicial

Virgencita de Itatí, que con ser la Pura y Limpia eres también refugio de pecadores, nosotros tus hijos, atraídos por tu mirada llena de bondad y comprensión venimos a ofrecerte todo nuestro ser: todo lo que somos, todo lo que hacemos, todo lo que amamos, todas nuestras esperanzas y también todos nuestros temores y preocupaciones, todas nuestras necesidades espirituales y materiales y especialmente (se dice la gracia que se pide en esta novena).

Se reza un Avemaría

Te pedimos Madre que hagas por nuestro deseo y así presentes nuestra ofrenda y nuestra necesidad al Dios Todopoderoso, para que seamos por Tu mediación escuchados y socorridos. Pero danos, sobre todo, María, Nuestra Señora de Itatí, una fe fuerte que nos haga descubrir el paso Misericordioso de tu Hijo Jesús en cada acontecimiento de nuestra vida, aún en medio de lo que pueda costarnos aceptar, de reconocer la Santa Voluntad del Señor y de comprender que Él todo lo dispone para nuestro bien. Haznos también, Estrella de Evangelización que, al conocer cada día más el inmenso amor del Señor, creamos en Él y así lo anunciemos con la vida a todos nuestros hermanos. Amén.

Lectura Bíblica del séptimo día:

“Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lucas 11, 28)

María es bienaventurada justamente porque ella sí escuchó la Palabra de Dios y la puso en práctica. Con ello nos enseña que tal vez la mayor grandeza no está en hacer grandes cosas, sino en saber escuchar con humildad la Palabra del Señor y tratar, desde nuestra propia pequeñez, de buscar cumplir la Voluntad de Dios en nuestras vidas.
Las palabras de Jesús nos invitan a todos a ser benditos como lo fue María, recibiendo la palabra de Dios en nuestro corazón y viviendo bajo su luz. Porque ella encarna el ideal de todo creyente, y es siguiendo su ejemplo que podemos encontrar, nosotros también, el camino de la felicidad.
A la luz del evangelio, pidamos a Nuestra Señora de Itatí poder escuchar y hacer vida la Palabra de Dios como lo hizo Ella.

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

Oración Final

Tiernísima Madre de Dios y de los hombres que, bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, miraste con ojos de misericordia por más de tres siglos a todos los que te han implorado, no deseches ahora las súplicas de tu hijo, que humildemente recurre a ti.
Atiende mis necesidades, que tú, mejor que yo, conoces, y sobre todo Madre mía, concédeme un gran amor a tu divino Hijo Jesús, y un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en la tentaciones y consuelo en la muerte. Amén.