08VIE

De la feria.
Os 14, 2-10; Sal 50, 3-4. 8-9. 12-14. 17.

Evangelio según San Mateo 10, 16-23

Jesús dijo a sus apóstoles: “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes. El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquél que persevere hasta el fin se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.

Discernimiento, indiferencia y vida espiritual

A discernir se aprende discerniendo, como parte de la vida espiritual, sin vida espiritual no hay discernimiento, habrá toma de decisiones y elecciones, pero no tendrán el deseo original de mirar la realidad como Jesús. Discernir es identificarnos con su mirada. Al discernir elegimos, pero discernir no es el arte de tomar buenas decisiones personalmente o en grupo, sino elegir desde la mirada de Dios a la realidad.

Discernir es mirar la realidad como Jesús, es escuchar su Espíritu entre los ruidos de  espíritus diversos que tiran también de mi, y llevar esa mirada repetidamente a la oración, a la conversación espiritual y a la vida. Así descubrimos que es posible ser indiferente en sentido ignaciano, esto es una libertad interior para elegir aquello que me lleva mejor a actuar como Jesús. La indiferencia es un don, no es cuestión de puños y esfuerzo personal. La indiferencia es el regalo que me permite sentir que todo me de igual con tal de seguir a Cristo. La indiferencia ignaciana es un amor que se inclina gracias a un amor mayor. Para descubrir una indiferencia así es necesaria la vida espiritual

La vida espiritual es lo que hay entre los retiros, los ejercicios espirituales o los sacramentos. Si yo quiero llevar la luz de Dios a una zona de mi vida es como cuando quiero llevar la luz a una zona del país. Hay postes del tendido eléctrico, torres de alta tensión, pero el cable debe llevar la electricidad al lugar que quiero iluminar, no basta con poner los postes. Hay momentos de fuerza espiritual que no se pueden quedar aislados como un poste sin hilos, sino que tienen que extenderse para iluminar las zonas en las que la oscuridad parece haber vencido. Los discípulos no lograron unir su experiencia del Monte Tabor con la de Getsemaní o el Gólgota.

Existe una vida espiritual personal que se nutre de encontrar espacios y tiempos sagrados para armonizar en ellos el interior y el exterior. Las herramientas Ignacianas de la oración y el examen, sirven para llevar la luz del Señor a todos los rincones de la casa y no dejar baldosa sin barrer, porque podemos encontrar la moneda que se nos había perdido.

Hay una vida espiritual de la comunidad que depende de cuidar también los espacios y tiempos sagrados de la comunidad, o de la familia, para equilibrar su interioridad y sus tareas y responsabilidades externas. Una comunidad volcada hacia dentro es una comunidad que acaba quemada, una comunidad sólo volcada hacia fuera acaba disuelta. Las herramientas espirituales son la celebración, el compromiso solidario y la conversación espiritual. Una comunidad necesita luz, tanto en la dificultad de la última cena, como en la alegría de Pentecostés.

Y también hay una vida espiritual social y global marcada por los procesos que incumben a cada sociedad y a todo el planeta. Hemos crecido en conciencia de nuestra responsabilidad en el cuidado de la Casa Común. Estamos invitados a vivir la fraternidad de todos los seres humanos. Caminamos hacia una mayor conciencia global en la que nos importa lo que sucede en otros lugares del mundo. Ya sea en negativo: catástrofes humanitarias, cambio climático, guerras y destrucción. Como en  positivo: avances científicos, hazañas deportivas, movimientos sociales integradores y pacíficos.

La contemplación Ignaciana nos lleva a unir la Palabra de Dios con los acontecimientos del mundo. Oramos con el periódico y la Biblia. Siguiendo la dinámica de la Encarnación: ¿Podemos hablar de una vida espiritual del mundo? Quizás sí, desde el principio de la creación, el Espíritu de Dios aleteaba por encima del caos y el desorden. (Gen 1,1). De la misma manera hay momentos en los que nos sentimos conectados con todo el mundo y es ahí donde podemos discernir los signos de los tiempos.

José de Pablo, SJ.

Día nueve: Sostén de nuestras cruces

Oración Inicial

Virgencita de Itatí, que con ser la Pura y Limpia eres también refugio de pecadores, nosotros tus hijos, atraídos por tu mirada llena de bondad y comprensión venimos a ofrecerte todo nuestro ser: todo lo que somos, todo lo que hacemos, todo lo que amamos, todas nuestras esperanzas y también todos nuestros temores y preocupaciones, todas nuestras necesidades espirituales y materiales y especialmente (se dice la gracia que se pide en esta novena).

Se reza un Avemaría

Te pedimos Madre que hagas por nuestro deseo y así presentes nuestra ofrenda y nuestra necesidad al Dios Todopoderoso, para que seamos por Tu mediación escuchados y socorridos. Pero danos, sobre todo, María, Nuestra Señora de Itatí, una fe fuerte que nos haga descubrir el paso Misericordioso de tu Hijo Jesús en cada acontecimiento de nuestra vida, aún en medio de lo que pueda costarnos aceptar, de reconocer la Santa Voluntad del Señor y de comprender que Él todo lo dispone para nuestro bien. Haznos también, Estrella de Evangelización que, al conocer cada día más el inmenso amor del Señor, creamos en Él y así lo anunciemos con la vida a todos nuestros hermanos. Amén.

Lectura Bíblica del noveno día:

“Junto a la Cruz de Jesús, estaba su madre” (Juan 19, 25)

El hecho de que la Virgen ‘estaba erguida’ junto a la cruz recuerda su inquebrantable firmeza y su extraordinaria valentía para afrontar los padecimientos. En el drama del Calvario, a María la sostiene la fe, que se robusteció durante los acontecimientos de su existencia y, sobre todo, durante la vida pública de Jesús.
La Cruz nos invita a dejarnos contagiar del amor de Jesús, del amor de su Madre. Nos enseña a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien necesita de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto, y a salir de nosotros mismos para ir a su encuentro y tenderle una mano.
Nuestra Señora de Itatí, danos fuerza para llevar nuestras dificultades, sufrimientos, egoísmos a la Cruz de Cristo.

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

Oración Final

Tiernísima Madre de Dios y de los hombres que, bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, miraste con ojos de misericordia por más de tres siglos a todos los que te han implorado, no deseches ahora las súplicas de tu hijo, que humildemente recurre a ti.
Atiende mis necesidades, que tú, mejor que yo, conoces, y sobre todo Madre mía, concédeme un gran amor a tu divino Hijo Jesús, y un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en la tentaciones y consuelo en la muerte. Amén.