17DOM

16° durante el año.
(Beato Enrique Ángel Angelelli, obispo y compañeros mártires).
Semana 4ª del Salterio.
Gn 18, 1-10; Sal 14, 2-5; Col 1, 24-28.

Evangelio según San Lucas 10, 38-42

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”. Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

«Jesús le enseña que no vale la pena preocuparse por cosas inútiles, sino atender a lo verdaderamente importante».

En el evangelio, Marta manifiesta tener un carácter fuerte, quiere que Jesús rete a su hermana porque no la ayuda con las cosas de la casa (como a veces nos pasa a nosotros). Jesús le enseña que no vale la pena preocuparse por cosas inútiles, sino atender a lo verdaderamente importante. A veces nos pasa que perdemos la paciencia y malgastamos tiempo en preocupaciones inútiles y nos perdemos lo más importante, que es saber que Dios siempre está con nosotros. Hoy pedimos a Jesús que nos ayude a estar atentos a su presencia misteriosa en medio de las cosas que hacemos, que podamos encontrarlo en lo que vivimos. Y que, sobre todo, nos regale la gracia de cerrar la boca a nuestras quejas y sonreír un poco más.

Marcos Stach, SJ.

Un amor que se construye

A veces lo mitificamos un poco. Mitificamos el amor como algo que, sorpresivamente, llega, como caído del cielo. En realidad no podemos exigirlo ni forzarlo. No podemos comprarlo ni obligar a nadie a correspondernos. Lo único que está a nuestro alcance es amar (y, quizás, en el camino, hacernos amables). A nuestro alcance está abrir las puertas e invitar a los otros a entrar en nuestra vida. Salir a los caminos para estar asequibles a otras vidas –y no aislados en murallas que nos hacen inasequibles–. Lo que está en nuestra mano es construir, con nuestras obras, nuestra palabra y nuestra vida, espacios donde los otros puedan sentirse en casa.

Pastoral SJ.