24DOM

17° durante el año.
(San Francisco Solano, religioso). Semana 1ª del Salterio.
Gn 18,20-21.23-32; Sal 137, 1-3. 6-7.7-8; Col 2,12-14.

Evangelio según San Lucas 11, 1-13

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”. Él les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”. Jesús agregó: Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!”.

De la oración a la vida, de la vida a la oración.

Me conmueve ver al Señor orando. La oración es el medio que el propio Jesús usaba para encontrarse con su Padre Dios. Al hacerse hombre – igual a nosotros en todo, menos en el pecado – la oración a solas, dedicándole tiempo y en un lugar adecuado para el diálogo corazón a corazón, era para el propio Señor el vehículo para recogerse y reintegrarse, dejándose bañar por la luz de Dios, actualizando la sintonía con su querer y voluntad.
Me asombra que el Hijo de Dios ore. Sin dudas traduce a nuestra condición de seres en el tiempo, aquel diálogo constante e ilimitado con el Padre en el Espíritu en el seno de la Santísima Trinidad. De la oración a la vida, de la vida a la oración. Así la familiaridad con Dios labrada en la intimidad, le hacía encontrar constantemente el rastro de Dios en medio de la actividad y de las demandas de la realidad cotidiana. Uno de los discípulos pide a Jesús: Señor, enséñanos a orar (como tú, a tu modo). El Señor, a través de la oración que comparte con nosotros sus discípulos, nos introduce en su misma relación de Hijo con Dios: cuando oren digan Padre…

Les propongo que dejemos entrar en nuestro corazón las palabras del Padrenuestro, en esta versión que hoy nos propone Lucas o en la más familiar del Evangelio de Mateo, saboreando frase a frase, dejándonos impregnar por su sentido. Al final recogemos en un diálogo con Jesús lo que hubiera quedado sedimentado en nuestro corazón.

Leonardo Amaro, SJ.