02JUE

De la feria. Santos Marcelino y Pedro, mártires. (ML).
Hech 22, 30; 23, 6-11; Sal 15, 1-2. 5. 7-11.

Evangelio según San Juan 17, 1b.20-26

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo: Padre Santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno –yo en ellos y tú en mí– para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que los has amado a ellos como me amaste a mí. Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos.

Ven Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo para que aprenda
a vivir con libertad interior.
Ayúdame a desprenderme de mis planes
cuando la vida me los modifique.

Toca mi corazón para que confíe
en tu protección amorosa.
Serás mi poderoso protector
en medio de toda dificultad.

Derrama en mí tu vida, intensa y
armoniosa, para que no me resista al
cansancio, al desgaste, a los cambios,
y para que no busque falsas
seguridades.

Enséñame a aceptar con serenidad
y fortaleza los límites variados de cada
día y las cosas imprevistas.

Líbrame de toda resistencia
interior contra la realidad.

Ayúdame a confiar, Espíritu Santo,
sabiendo que también de los males
puedes sacar algo bueno.

Enséñame a vencer mis nerviosismos
y tensiones, para enfrentar con calma y
seguridad interior todo lo que me suceda.

Destruye toda desconfianza para que
pueda descansar en tu presencia,
entregarme a tus brazos, sin pretender escapar
de tu mirada de amor.

Vive conmigo Señor, enfrenta conmigo
los desafíos y las dificultades que
ahora tengo que resolver.

Porque contigo todo terminará bien.
¡Ven Espíritu Santo, amén!

Victor Manuel Fernández