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Pentecostés. (S).
(San Bonifacio, obispo y mártir).
Hech 2, 1-11; Sal 103, 1. 24. 29-31. 34; 1Cor 12, 3b-7. 12-13.

Evangelio según San Juan 20, 19-23

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

«Solo el amor, amar, nos hace felices».

No seremos felices si no la buscamos también para los demás; porque la auténtica plenitud se gesta en el corazón de las personas generosas, que saben hacer felices a los demás, y no en la del egoísta que utiliza a los otros para que le diviertan la existencia.

Hacer feliz a otros engendra felicidad en el corazón de aquel que lo suscita, y no para el que lo busca desesperadamente para sí mismo. Todos hemos intentado conseguir apasionadamente esa felicidad individual que creemos que se obtiene cubriendo todas nuestras necesidades, aún las más superficiales y absurdas.

La plenitud que buscamos no es completa en este mundo, pero podemos tener experiencia de ella cuando aprendemos a disfrutar de los pequeños momentos que compartimos con los otros. La felicidad no es ese puñado de placer efímero que sólo nos deleita un momento, sino la experiencia de compartir la vida con los demás.

Jesús llamó a sus discípulos para anunciar el Reino de su Padre, un reino de amor y fraternidad. Todos compartimos con los discípulos la vocación y misión de comunicar a los demás el amor que hemos recibido. Solo el amor, amar, nos hace felices.

Javier Rojas, SJ.
Cuaderno Espiritual. 

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Cuando el Espíritu de Dios nos habita

Ven Espíritu Santo porque quizás andamos débiles, porque estamos solos, porque necesitamos ser curados, porque nos faltan las fuerzas… El Espíritu Santo reanima a los desanimas y se hace pregunta que a su vez nos interroga ¿a dónde fue a parar aquel ardor, aquel que tenías cuando estabas enamorado?, dice algún autor. Docilidad, ven Señor Jesús, Ven Espíritu Santo.

Ángel Rossi, SJ.