11SAB

San Bernabé, apóstol. (MO).
Hech 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97, 1-6.

Evangelio según San Mateo 10, 7-13

Jesús envió a sus doce apóstoles, diciéndoles: Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

Un Espíritu positivo

Es verdad que nuestro mundo no funciona bien, y que su rumbo parece muy oscuro. Pero nosotros creemos que en el mundo anda dando vueltas el Espíritu Santo, que hace su obra. Por eso nosotros no podemos ser pesimistas y negativos, sino siempre atentos para reconocer las cosas buenas que siembra el Espíritu. A veces parece que los cristianos nos caracterizamos por ser críticos de todo, siempre negativos. Pero en realidad nosotros deberíamos ser los que destacamos las cosas buenas y positivas que el Espíritu Santo siempre derrama en todas partes. La Iglesia está llamada a dialogar con el mundo, pero para eso tiene que ser capaz de encontrar puntos de contacto, de reconocer cosas positivas. Porque el Espíritu Santo derrama sus rayos de luz en medio de la peor oscuridad. Ojalá que seas capaz no sólo de señalar lo negativo, sino también de salir de la queja amarga y de señalar lo bueno, reconocer lo que ha sembrado el Espíritu y alentar esos signos de esperanza, ver en colores donde otros ven sólo en blanco y negro.

Cuánto bien que hacen las personas positivas, que estimulan las cosas buenas que hay a su alrededor. Más que luchar contra las sombras, hay que luchar por encender el fuego que ilumina. Que no se te escape ningún gesto positivo que puedas descubrir, como Jesús, que fue capaz de reconocer la ofrenda total de la viuda pobre. Al Señor no se le escapa nada bueno que vos hagas, por más pequeño que sea. Vos podés hacer lo mismo. Y si no, pedile al Espíritu Santo que te ayude a reconocer los carismas de los demás y a cultivarlos. Así podrás ser un “jardinero del Espíritu”, que ayuda a brotar las flores más lindas.

Fuente: Radio María