12DOM

La Santísima Trinidad. (S).
Prov 8, 22-31; Sal 8, 4-9; Rom 5, 1-5.

Evangelio según San Juan 16, 12-15

Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, Él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.

«La verdad provoca en nosotros la libertad interior».

Hay dos datos que Jesús atribuye a la acción futura del Espíritu Santo, es decir, luego de que vuelva al Padre.

La primera, “introducidos en la verdad”: pasa por entrar en la vida de Dios. Jesús dijo de sí mismo “Yo soy la Verdad” (Jn. 14, 6) y esto hay que entenderlo en su conjunto: la verdad de la que se habla es aquella que nos hace entrar en la vida de la Trinidad y por ello nos hace más humanos, capaces de hacer las cosas como las hace Dios, que busca el bien de sus hijos. La verdad provoca en nosotros la libertad interior.

La segunda acción, el Espíritu que “glorificará al Hijo”. A veces olvidamos el sentido de lo que implica la palabra “gloria”. San Ireneo, tiene una afirmación: La gloria de Dios es que el hombre viva. Y la vida del hombre es la visión de Dios. La acción del Espíritu, glorificar a Cristo, es testimoniar un desborde excesivo de vida: que yo exista es un testimonio de esta gloria, mi vida es motivo de regocijo para la Trinidad que me ama.

Marcos Stach, SJ.
Cuaderno Espiritual.

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Encuentros

Ser uno mismo
y estar en los otros.
Vivir en una soledad
poblada.
Forjar vínculos
indestructibles.
Abrazar sin invadir.
Amar sin anular.
Comunicar sin agotar.
Ser uno mismo
Ser nosotros.
Crear mundos,
inspirar sueños,
restañar heridas.
Desplegar la vida
en el tiempo.
hablar en el trueno
y el susurro,
ser batalla sin muertos.

Somos imagen
del Dios de los encuentros.
Tanto amor
no cabía
en una única forma
de ser Dios.

José María Rodriguez Olaizola, SJ.