16JUE

De la feria.
Ecli 48, 1-14; Sal 96, 1-7.

Evangelio según San Mateo 6, 7-15

Jesús dijo a sus discípulos: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Sentirnos amados

La experiencia de sentirnos amados gratuitamente es crucial para desarrollar nuestra capacidad de amar. Si no tenemos esa experiencia, nos resultará difícil desprendernos de buscar nuestro propio interés en los vínculos de amor con los demás.
Cuando el amor que recibimos es gratuito y sin condiciones, como el que Dios tiene por nosotros, nuestra manera de amar contiene el mismo aroma, la misma belleza y el mismo color que el divino.
Jesús no nos ama con un amor distinto del que le entrega su Padre, sino con el mismo amor que recibe de Él, y con ese mismo amor nos pide que nos amemos entre nosotros. Jesús nos invita a reproducir la manera de amar que sustenta las relaciones entre las tres personas de la Santísima Trinidad. ¿De qué manera podemos nosotros reproducir ese amor?
El amor trinitario es gratuito. El amor es entregado incondicionalmente porque nace de la gratuidad, no de la especulación ni del intercambio. Cuando amamos a otros también recibimos, pero no como parte de un intercambio comercial, sino en el mismo acto de entregarlo. Es decir, somos felices porque tenemos a alguien a quien amar fuera de nosotros mismos.
El amor trinitario es agradecido. Todo lo recibido se devuelve, no por compromiso o negociación, sino porque lo entregado gratuitamente despierta la reciprocidad amorosa con aquel que tanto amor expresa. Nadie ama a otro por obligación o porque se lo manden, sino porque lo recibido engendra la reciprocidad.
Y, por último, el amor trinitario es comunitario. El amor divino no queda encerrado en las tres Personas, sino que nos hacen partícipes y destinatarios. La invitación que nos hace Jesús no es solo a que permanezcamos unidos en el amor con Él, sino también entre nosotros.
Nuestro amor, a imitación del amor trinitario, jamás debe eliminar la diferencia, sino respetarla y amar en la diversidad. Ninguna de las tres personas divinas busca que las otras sean iguales, sino que se aman en esa diferencia. El verdadero amor es integra la diferencia.

Javier Rojas, SJ.