30JUE

De la feria.
Primeros santos mártires de la Iglesia de Roma. (ML).
Am 7, 10-17; Sal 18, 8 -11.

Evangelio según San Mateo 9, 1-8

Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados”. Algunos escribas pensaron: “Este hombre blasfema”. Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o ‘Levántate y camina’? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

El riesgo

Leo en la vida de San Ignacio un diálogo entre el fundador de los jesuitas y el Padre Lainez que me resulta profundamente iluminador.

– Si Dios – pregunta San Ignacio – os propusiera este dilema: Ir ahora mismo al cielo, asegurando vuestra salvación o seguir en la tierra trabajando por su gloria y comprometiendo así cada día la salvación de vuestra alma, ¿qué extremo eligirías?

– El primero, sin duda  – responde Lainez.

– Yo el segundo, replica San Ignacio, ¿Cómo crees que Dios va a permitir mi condenación, aprovechándose de una previa generosidad mía?

Estoy, claro, con San Ignacio. Estoy por el riesgo y contra la seguridad. Estoy por la audacia frente a la comodidad. Creo más humano el atrevimiento que la renuncia sistemática al combate.

El riesgo es parte sustancial de la condición humana. No se puede en este mundo hacer nada serio sin exponerse, con frecuencia, al fracaso. Y, desde luego, la única manera de no equivocarse nunca, es decir, de equivocarse siempre, es renunciar a toda aventura por pura cobardía.

Creo que la obsesión por la seguridad es uno de los más graves obstáculos para realizar una vida. No excluyo, claro está, la prudencia, la reflexión antes de la acción, el saber elegir las mejores circunstancias para emprenderla. Pero me resulta insoportable esa falsa prudencia que termina por ser paralizante.

Por eso yo siento poca simpatía por quienes colocan la seguridad ante todo en su vida. Vienen a veces muchachos a preguntarme por su vocación y algunos me dicen: ¿Pero cómo estaré yo “seguro” de que ésta es mi vocación? A estos siempre les respondo: Tú no tienes vocación y no la tendrás nunca mientras partas del concepto de seguridad. En toda vocación, en toda empresa, hay un componente de riesgo. Y el que no es capaz de arriesgarse un poco por aquello que ama, es que no ama en absoluto. Todas las grandes cosas son indecisas; se ven pero entre tinieblas; hay que avanzar hacia ellas por terreno desconocido; por eso toda vocación, toda empresa seria, todo proyecto de vida, tiene algo de aventura, de apuesta. E implica audacia y confianza.

No estoy apostando, naturalmente, por la irreflexión, por la frivolidad, por el aventurismo barato, pero si quiero decir que todo amor lleva algo de “salto en el vacío”: Uno se arroja hacia aquello que ama y está seguro de que ese salto no será una locura, porque uno nunca se equivoca cuando va hacia aquello que merece ser amado.

La vida merece ser amada. Y lo merece a pesar de que uno no sabe de antemano que se recibirán en ella muchas zancadillas, que no escasearán los tropezones, pero si uno tiene miedo a tropezar alguna vez, más vale no levantarse de la cama por la mañana. Entonces se consigue no sufrir. Porque ya se está muerto.

José Luis Martín Descalzo .

Primer día novena Ntra. Sra. de Itatí: El camino para llegar a Cristo 

Oración Inicial

Virgencita de Itatí, que con ser la Pura y Limpia eres también refugio de pecadores, nosotros tus hijos, atraídos por tu mirada llena de bondad y comprensión venimos a ofrecerte todo nuestro ser: todo lo que somos, todo lo que hacemos, todo lo que amamos, todas nuestras esperanzas y también todos nuestros temores y preocupaciones, todas nuestras necesidades espirituales y materiales y especialmente (se dice la gracia que se pide en esta novena).

Se reza un Avemaría

Te pedimos Madre que hagas por nuestro deseo y así presentes nuestra ofrenda y nuestra necesidad al Dios Todopoderoso, para que seamos por Tu mediación escuchados y socorridos. Pero danos, sobre todo, María, Nuestra Señora de Itatí, una fe fuerte que nos haga descubrir el paso Misericordioso de tu Hijo Jesús en cada acontecimiento de nuestra vida, aún en medio de lo que pueda costarnos aceptar, de reconocer la Santa Voluntad del Señor y de comprender que Él todo lo dispone para nuestro bien. Haznos también, Estrella de Evangelización que, al conocer cada día más el inmenso amor del Señor, creamos en Él y así lo anunciemos con la vida a todos nuestros hermanos. Amén.

Lectura Bíblica del primer día:

“Hagan todo lo que Él les diga” (Juan 2, 5)

Todo el amor que le regalamos a la Santísima Virgen, Ella lo lleva hacia el Señor. Y así, nuestro amor encuentra por medio de María, el camino más fácil, más corto, más seguro y más fecundo hacia Jesucristo.
María no es sólo el puente entre Dios y nosotros, es más todavía: es el camino que Dios ha recorrido para llegar a nosotros, es la senda que debemos recorrer para llegar a Él.
Nuestra Señora de Itatí ven a caminar con nosotros y muéstranos el camino para llegar a Cristo.

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

Oración Final

Tiernísima Madre de Dios y de los hombres que, bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, miraste con ojos de misericordia por más de tres siglos a todos los que te han implorado, no deseches ahora las súplicas de tu hijo, que humildemente recurre a ti.
Atiende mis necesidades, que tú, mejor que yo, conoces, y sobre todo Madre mía, concédeme un gran amor a tu divino Hijo Jesús, y un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en la tentaciones y consuelo en la muerte. Amén.

Historia de Ntra. Sra. de Itatí

En 1528, Sebastián Gaboto , explorando el Alto Paraná, desembarcó en un puerto al que dio el nombre de Santa Ana.

Allí cerca se levantaba un caserío llamado Casas da Yaguarón, nombre del cacique del distrito.Algunos de los miembros de la expedición exploraron la Laguna Iberá , a la que denominaron también Santa Ana .

La gloriosa madre de la Virgen María tomó, desde entonces, bajo su protección esas regiones.El cacique Yaguarón y sus indios eran de índole pacífica, hospitalaria, y recibieron bien a los españoles.

Desde 1528 franciscanos arrojaron la primera semilla evangélica en el distrito de Santa Ana, llamado también Reducción de Yaguarí; y en ella siempre prevaleció la devoción a María Inmaculada.

En 1615 (1580 según otras versiones) el puerto de Santa Ana quedo abandonado, y el fray Luis de Bola­ños fundó la nueva reducción a la que dio el nombre de “Pueblo de Indios de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí”. Con el tiempo, el lugar comenzó a conocerse simplemente como Itatí. Fray Luis de Gamarra, párroco del lugar, fue el primero en dar a conocer los milagros de la Virgen. En la Semana Santa de 1624 tiene lugar la primera transfiguración de la Virgen, que duró varios días. Gamarra relata en un documento de la época: “se produjo un extraordinario cambio en su rostro, y estaba tan linda y hermosa que jamás tal la había visto”. Las transfiguraciones se repitieron a lo largo de los años.

Los milagros y las curaciones son incontables, pero quizás el más increíble y espectacular haya ocurrido en 1748. En ese año hubo un gran malón que buscaba destruir y saquear el poblado, pero cuando los indios llegaron a las puertas de Itatí, se abrió ante ellos una ancha y profunda zanja que les impedía el paso. Ante este hecho se retiraron despavoridos, y los habitantes del lugar acudieron entonces a la capilla agradecer a su Patrona.

El 16 de julio de 1900, la imagen de la Virgen de Itatí fue solemnemente coronada por voluntad del Papa León XIII . Fue entronizada con el nombre de Reina del Paraná y reina del Amor. El 3 de fe­brero de 1910, el Papa Pío X creó la Diócesis de Corrientes, y el 23 de Abril de 1918, la Virgen de Itatí, fue proclamada Patrona y Protectora de la misma. Su fiesta se celebra el 9 de Julio.

El Santuario de Itatí, es uno de los más importantes de América. Cada año alrededor de 2 millones y medio de fieles, no sólo de Argentina, sino también de otros países sudamericanos, se dirigen a la gigantesca Basílica a dar testimonio de su devoción y amor por Nuestras Señora de Itatí.