01MAR

De la feria.
1Ped 1, 10-16; Sal 97, 1-4.

Evangelio según San Marcos 10, 28-31

Pedro le dijo a Jesús: “Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Jesús respondió: “Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”.

Cuando caen las máscaras

Estas semanas pasamos del carnaval a la ceniza. Un curioso itinerario. Una de esas expresiones colectivas, donde la tradición, la cultura, la historia y la fe se combinan para reflejar con asombrosa claridad uno de nuestros contrastes profundos. Así somos, a veces escondidos tras máscaras, o envueltos en plumajes brillantes.  Y otras veces necesitados de dejar a un lado las capas y envoltorios para mirarnos desde nuestra autenticidad profunda y frágil a un tiempo.

Algo de esto tiene el carnaval. Es una especie de apoteosis del sueño, de la quimera, del espejismo. En carnaval  no hay más que la fachada que uno quiere mostrar. El estruendo tapa todos los matices Es una curiosa metáfora de cómo a veces puedo vivir. Me disfrazo de fuerte, cuando me sé vulnerable. Aparento ser duro aunque esté quebrado por dentro. La palabra cortés me evita hablar a fondo. Oculto los ratos muertos, las inquietudes cotidianas, las desazones o las heridas. O enmascaro los miedos con proyectos inacabables. Supongo que a veces uno tiene derecho a ser prudente en lo que muestra y lo que no.  Pero es importante abrir puertas, cuantas más mejor, para poder compartir toda esa vida que va por dentro.

Vestirse de sayal y cubrirse de ceniza sería la otra cara de esa moneda.  Como quien se quita el maquillaje frente a un espejo, para encontrarse con la piel desnuda. Como quien se va despojando de capas o ropas y va quedando desprotegido. En este tiempo de ceniza insistimos en poder ver nuestra verdad sin adornos. No se trata de mortificarme, o de decir: “no valgo nada”. Eso sería ridículo, y falso. Es intentar verlo todo, lo bueno y lo malo. Mirarme, y saber quién soy. Aceptar la limitación, reconocer el talento y el error. Descubrir las grietas, para ver si hay que hacer algo con ellas. Confiar en ese Dios que me conoce mejor que yo mismo. Y poder compartir este ser mío con otros.

Pastoral SJ.

Día cuarto: medalla y cruz de su Santo Rosario, encontrados recientemente. La imagen de la Virgen de los Dolores, la “Abadesa” de la Santa Casa, signos de su devoción Mariana

Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, danos la gracia de tu tierna devoción, y que te llevemos siempre como Abadesa de nuestras obras apostólicas.

Pedimos la gracia que queremos alcanzar.

Rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Oración pidiendo su pronta canonización:

Señor, que hiciste de María Antonia de San José un modelo de mujer fuerte, entregada a EVANGELIZAR A LOS POBRES y a propagar la práctica de los Ejercicios Espirituales, te pedimos que completes tu obra dándole la corona de los santos, para ejemplo y alegría del pueblo argentino.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Te invitamos a conocer la vida y la misión espiritual de esta santiagueña, promoviendo la fe y la esperanza de Dios en los pueblos argentinos. Una miniserie de 12 capítulos.