12SAB

De la feria
Deut 26, 16-19; Sal 118, 1-2. 4-5. 7-8.

Evangelio según San Mateo 5, 43-48

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

Dar espacio a Dios

Para superar la tendencia a encerrarnos en nosotros mismos y para hacer es necesario dar espacio a Dios, mirando con sus ojos la realidad cotidiana.

La alternativa entre la cerrazón en nuestro egoísmo y la apertura al amor de Dios y de los demás, corresponde a la alternativa de las tentaciones de Jesús: es decir, entre el poder humano y el amor a la Cruz, entre una redención vista sólo en el bienestar material y una redención como obra de Dios, a quien damos la primacía en la existencia.

Convertirse significa no cerrarse en la búsqueda del propio éxito, del propio prestigio y de la propia posición, sino hacer que cada día, en las pequeñas cosas, la verdad, la fe en Dios y el amor se conviertan en lo más importante.

En el tiempo de Cuaresma que iniciamos, esforcémonos por convertirnos, abriendo nuestra vida cada vez más a Dios.

Benedicto XVI.
Adaptación.

Sexto día: “El padre Brochero y la Iglesia”

“Creyendo y esperando cuanto cree y espera nuestra Santa Madre Iglesia en cuya fe nací, he vivido y protesto morir, defendiéndola y enseñándola con mi palabra y ejemplo…”.
Cura Brochero.

Reflexión:
Cuando hay sacerdotes tan comprometidos socialmente como el Cura Gaucho, los sectores particularmente hostiles a la auténtica fe católica son reticentes a especificar que se trató de un fiel hijo de la Iglesia, que vivió en absoluta fidelidad al Magisterio y que practicó las virtudes cristianas en grado heroico.
El santo Cura Brochero amaba y reverenciaba a la Iglesia con filial devoción. Esto se puede percibir en sus escritos y en sus obras. La fidelidad incondicional al Magisterio, el trato respetuoso y humilde para con su obispo, la prédica constante de la más pura doctrina católica, y la conciencia de que cuando desempeñaba su ministerio lo hacía, no por sí mismo y en un acto individual, sino en nombre de la misma Iglesia, a la que el mismo Jesucristo lo llamó como ministro sagrado… Todas ellas son virtudes que resplandecieron de un modo particular en el padre Brochero.
Este dejar de lado los anhelos personales por legítimos que fueran, y hacerlo en nombre de Cristo y bajo la guía de la Iglesia, es una virtud indispensable requerida para que un hijo de Dios sea propuesto oficialmente como modelo a imitar. Es que quien ama a Cristo de verdad, con un corazón humilde como el padre Brochero, no puede sino acoger agradecido todos los dones que el Señor ofrece para la salvación.
¿Cuáles son estos dones? Ante todo, el Don de Sí mismo, en la Eucaristía. También el don de su Madre, modelo acabado de virtudes, lo más sagrado que Dios pueda ofrecernos que no sea Él mismo; también el don de la Iglesia, sin la cual no habría Eucaristía ni ninguno de los otros sacramentos ni sacramentales; y el don de su Palabra viva y eficaz que ilumina nuestro peregrinar hacia el Cielo.

Oración:
Padre Celestial, Tú aceptaste el Sacrificio de tu Hijo para que todos nosotros fuéramos salvos. Él instituyó la Iglesia para perpetuar ese Sacrificio, a fin de que la salvación estuviera al alcance de los hombres y mujeres de todos los tiempos. El Espíritu Santo, Dios verdadero que procede de Ti y de tu Hijo, vive en la Iglesia, y por medio de ella santifica la creación entera y pone a nuestra disposición todos los medios de la salvación.
Concédenos, Padre amantísimo, la gracia de vivir y morir en plena comunión con la Iglesia Católica, Mística Esposa del Cordero inmolado, y la de profesar una filial devoción al Papa, Vicario de tu Hijo y Sucesor del primero de los Apóstoles.
Te lo pedimos junto a la gracia que solicitamos en esta novena (se menciona la gracia).
Que todos los pueblos de la Tierra se congreguen en la unidad para confesarte a Ti, Padre Eterno, que con tu Hijo y el Espíritu Santo, vives y reinas, Dios Misericordioso, por los siglos eternos. Amén.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Oración final:

Trinidad Santa, Dios Vivo y Creador, acoge benignamente las súplicas que te dirigimos en esta novena. Que nuestra oración te sea agradable, Señor, como lo fue la vida y la muerte de san José Gabriel del Rosario Brochero, por cuya intercesión acudimos confiados a tu Misericordia. Sea la gloria y la alabanza para Ti, único Dios verdadero, Fuente y Principio de toda Vida, Hoguera inextinguible de Amor y Premio eterno de los bienaventurados. Amén.

Día Tercero: Amor de San José al prójimo

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón. Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente.  Amén.

Reflexión:

El amor con que amamos a Dios y el amor con que amamos al prójimo es un solo amor: son dos ramas de una misma raíz porque si al prójimo no le amamos por Dios y con Dios no le amamos con amor verdadero.

El amor de San José a Dios es el mayor que se puede encontrar después de la Virgen María; su amor al prójimo, por tanto, es también el mayor después del de la reina del Cielo.

Hacer Petición por la cual se ofrece la Novena. Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Oración Final:
¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.