22MAR

De la Feria.
Dan 3, 25-26. 34-43; Sal 24, 4-5ª. 6-9.

Evangelio según San Mateo 18, 21-35.

Se acercó Pedro y dijo a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: ‘Dame un plazo y te pagaré todo’. El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?”. E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.

Confianza en Dios

Dios mío, estoy tan persuadido de que velás sobre todos los que esperan en Vos y de que nada puede faltar a quienes de Vos aguarda todas las cosas, por lo que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando todas mis inquietudes sobre Vos. Dormiré en paz y descansaré; porque Vos ¡Oh Señor! Y sólo Vos, aseguraste mi esperanza.

Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de servirte; yo mismo puedo perder tu gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos del maligno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza esta en vos. Porque vos, solo vos, has asegurado mi esperanza.

A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor vieron frustrada su confianza.

Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! es de Quien lo espero. 

Bien conozco que soy frágil e inconstante; sé cuanto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; vi caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede darme miedo. Mientras mantenga firme mi esperanza, estaré a salvo de todos los males; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero esta invariable esperanza.

En fin, estoy seguro de que no puedo esperar demasiado de Vos y de que conseguiré todo lo que espero. Así, espero que me sostengas en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortalezcas contra los más violentos asaltos y que hagas triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me ames siempre y que yo te ame sin siempre para llevar toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, te espero a Vos. Para el tiempo y para la eternidad. Así sea.

San Claudio de la Colombiere, SJ.
Adaptación.