27DOM

4° de Cuaresma. Semana 4ª del Salterio.
Jos 4, 19; 5, 10-12; Sal 33, 2-7; 2 Cor 5, 17-21.

Evangelio según San Lucas 15, 1-3. 11-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida inmoral. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.  Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!’ Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenzó la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. Él le respondió: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’. Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: ‘Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!’ Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado’”.

«Renovar del corazón para vivir con más entusiasmo la fe».

Nos acercamos a la Pascua, y las lecturas de este cuarto domingo de cuaresma acentúan la idea del retorno a los orígenes, lo que está acompañado de conversión, que consiste en la renovación del corazón para vivir con más entusiasmo la fe.

La parábola del padre misericordioso describe el viaje de cada uno de nosotros causado por la lejanía del pecado o, simplemente, por la apatía y la rutina que nos invade. Este retorno se realiza transitando el camino que el mismo Padre ha abierto a la humanidad: Jesucristo. Es un camino abierto a todos. Por ese camino va el hijo pródigo que, reconociendo sus malos pasos, decide levantarse y volver. Nosotros somos invitados al perdón y a la reconciliación para que la Pascua signifique auténtica transformación de la vida.

Mientras hacemos nuestro camino de cuaresma, la Iglesia nos regala esta parábola para que podamos gustar con agradecido corazón la grandeza de la misericordia de Dios hacia la humanidad.

Gustavo Monzón, SJ.
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