06VIE

De la feria.
Hech 9, 1-20; Sal 116, 1-2.

Evangelio según San Juan 6, 51-59

Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”. Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.

Salmo del seguimiento

Iré detrás tuyo,
si vienes a mi
buscando horizontes
más amplios para volar.

Iré a enseñar a todos
que sos libertad,
que sólo en Vos se encuentra
el manantial,
la felicidad,
la verdadera paz.

Iré siempre en tu nombre
despojado de mis cosas,
buscando en la noche,
sediento de tu amor.

Iré a decirles a todos
que Sos alegría,
la eterna oferta
de un amor total.

Iré a buscar camino
detrás de cada lucha,
donde los hombres sufren
su llanto y soledad.

Iré si me llamas
a ser siempre tu amigo
sin importarme nada,
porque vos sos mi caminar.

Iré diciendo a todos,
iré contando siempre,
iré entre los hombres
gritando la verdad.

Pastoral SJ

Día 7: Bondad

buenas, ven lo bueno en los demás e identifican con claridad cuándo esa bondad es auténtica y no fingida. Los santos irradian la bondad de Dios y lo expresan en sus gestos y palabras. Las personas buenas, lo son en todos lados. No es una pose artificial o sentimental, sino una actitud que los exhibe enteramente. Los santos nos ayudan a trascender la realidad y a conectarnos con lo divino. Las personas buenas no eligen los espacios o lugares donde ejercer su bondad, son iguales en todos lados. Cerca de las personas buenas, como de los santos da gusto estar y permanecer. Ellos, nos hacen descubrir que en las cosas sencillas y cotidianas, está también lo
extraordinario. En presencia de ellos nos sentimos cuidados y entendidos, descubrimos a verdaderos amigos que comprenden nuestras fragilidades y debilidades. Las personas buenas al igual que los santos, nos ayudan a encontrar a Dios.» Javier Rojas, SJ (@jrojassj).

Oración: Madre, ayúdanos a ser auténticos, a vivir conforme a nuestra vocación de hijos de un mismo Padre y hermanos entre nosotros. Que abramos nuestro corazón para ser cordiales con todos, aun cuando no recibamos de los demás, el mismo trato. Que el amor de Dios, derramado en nuestros corazones, nos haga personas buenas y amables con todos.

Padrenuestro, Ave María y Gloria

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Inmaculada Virgen María, Madre de los milagros y del consuelo. Venimos a tus pies, confiado en tu amor infinito, a que nos ayudes a «ver nuevas todas las cosas» como enseñaste a tu Hijo Jesús. Te damos gracias por los favores que concedes a cuantos recurren a tu intercesión; por el consuelo que das a tantas familias que piden tu protección, por los tantos enfermos que se han sentido cuidados y sanados por tu ternura, al solo contacto con los algodones tocados con tu sudor milagroso.
Te pedimos, que nos ayudes a (se pide la gracia que se quiera alcanzar) y a abandonarnos en Dios como vos lo hiciste a sus designios. Madre de los Milagros, vos que siempre tuviste puesta tu fe en el plan de Dios, ayúdanos a confiar en sus caminos.

Historia del Milagro

Era el 9 de mayo de 1636 y la pequeña Santa Fe iniciaba un nuevo día de arduas tareas.

En el templo de la Compañía de Jesús, edificado sobre uno de los costados de la plaza mayor, el Padre Rector del Colegio y de la Iglesia, Pedro de Helgueta, SJ, oraba arrodillado frente al cuadro de Nuestra Señora, como todas las mañanas. Habiendo finalizado la Misa, alrededor de las ocho horas, el Padre levantó la vista hacia el cuadro y se sorprendió por lo que creyó era humedad del ambiente condensada en la pintura. Pero pronto comprendió que el brillo tenía un origen distinto.

Incorporándose descubrió que de la mitad de la Imagen para arriba la pintura estaba totalmente seca, mientras que hacia abajo corrían hilos de agua resultantes de innumerables gotas emanadas en forma de sudor. Siguió recorriendo con la vista hacia abajo y comprobó que el caudal ya estaba mojando los manteles del altar y el piso.
Al ver el asombro del sacerdote, varias personas que aún permanecían en la iglesia se acercaron y pudieron conocer lo que estaba ocurriendo. Comenzaron a embeber aquel agua en algodones y lienzos, mientras el número de fieles y curiosos crecía junto al júbilo y las exclamaciones. Las campanas de la Iglesia no pararon de repicar, para anunciar a todo el pueblo lo que estaba sucediendo. A pocos minutos llegaron el Vicario y Juez Eclesiástico de Santa Fe (Cura Hernando Arias de Mansilla), el Teniente de Gobernador y Justicia Mayor (Don Alonso Fernández Montiel), el General Don Juan de Garay (hijo del fundador) y el Escribano del Rey, Don Juan López de Mendoza.

Subido en un banco el propio Vicario tocó con sus dedos la tela del cuadro, procurando contener los hilos de agua que descendían, pero por el contrario, continuaba manando copiosamente cambiando de dirección al contacto con la mano. Esto duró algo más de una hora, como lo atestigua el acta que se conserva hasta hoy en el Santuario. También se conserva una reliquia de los algodones tocados en el sudor y que besan agradecidos todos los fieles cada 9 de mes.