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Nuestra Señora de Luján. Patrona de la Argentina. (S).
Solemnidad trasladada al 9 de Mayo.

4° de Pascua. Semana 4ª del Salterio.
Hech 13, 14. 43-53; Sal 99, 1b-3.5; Ap 7,9 14b -17.

Evangelio según San Juan 10, 27-30

Jesús dijo: “Mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y Yo somos una sola cosa”.

El Buen Pastor tiene el arte de tratar a cada una de sus ovejas como únicas

Jesús toma el antiguo título del salmo 23 agregándole el de la bondad. En tres versículos define un modo de proceder que nos desafía y al mismo tiempo nos da seguridad desde el amor. El Buen Pastor tiene el arte de tratar a cada una de sus ovejas como únicas, pero también parte de un rebaño que las necesita y al que necesitan pertenecer. Es una imagen tierna, madura y desafiante.

El Buen Pastor naturaliza lo extraordinario al prometer que las suyas no perecerán ni podrán ser arrebatadas. Si tomásemos en serio estas dos características venceríamos muchos de nuestros miedos y escrúpulos.

Humberto González, SJ.
Cuaderno Espiritual. 

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Oración a Ntra. Sra. de Luján

Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Nuestra Señora de Luján, Patrona de nuestra Patria; hoy alzamos nuestros ojos y nuestros brazos hacia tí… Madre de la Esperanza, de los pobres y de los peregrinos, escúchanos…

Hoy te pedimos por Argentina, por nuestro pueblo. Ilumina nuestra patria con el sol de justicia, con la luz de una mañana nueva, que es la luz de Jesús. Enciende el fuego nuevo del amor entre hermanos.

Unidos estamos bajo la celeste y blanca de nuestra bandera, y los colores de tu manto, para contarte que: hoy falta el pan material en muchas, muchas casas, pero también falta el pan de la verdad y la justicia en muchas mentes. Falta el pan del amor entre hermanos y falta el pan de Jesús en los corazones.

Te pedimos madre, que extingas el odio, que ahogues las ambiciones desmedidas, que arranques el ansia febril de solamente los bienes materiales y derrama sobre nuestro suelo, la semilla de la humildad, de la comprensión. Ahoga la mala hierba de la soberbia, que ningún Caín pueda plantar su tienda sobre nuestro suelo, pero tampoco que ningún Abel inocente bañe con su sangre nuestras calles.

Haz madre que comprendamos que somos hermanos, nacidos bajo un mismo cielo, y bajo una misma bandera. Que sufrimos todos juntos las mismas penas y las mismas alegrías. Ilumina nuestra esperanza, alivia nuestra pobreza material y espiritual y que tomados de tu mano digamos más fuerte que nunca: ¡ARGENTINA! ¡ARGENTINA, CANTA Y CAMINA!

Día 9: Paciencia

«Dios no tiene expectativas con nosotros sino paciencia y esperanza. Nos ama tal y como somos. Cree en nosotros y confía en nuestro crecimiento y maduración. Tiene mucha más paciencia con nosotros de la que mostramos hacia nosotros mismos. Su paciencia es creadora. Nosotros necesitamos fortalecer esta virtud, para confiar en que todo proceso humano necesita de tiempo, para que lo bueno y bello, dé frutos abundantes. Ser paciente no significa ser pasivos, sino confiar esperanzadamente en el curso del tiempo. No se puede ser paciente si no hay esperanza. Si esperar es poner la confianza en Dios, tener paciencia es creer en sus tiempos y en su modo de actuar.

Necesitamos pacificar el corazón para descubrir, en lo que vivimos, las huellas del Padre que está con nosotros sosteniendo y acrecentando nuestra existencia.» Javier Rojas, SJ (@jrojassj).

Oración: Madre, ayúdanos confiar y esperar siempre en Dios, como lo hiciste vos. A no desfallecer ante las pruebas y vicisitudes de la vida, sino a poner nuestro corazón en Dios. Que aprendamos a ver nuevas, todas las cosas en Cristo y a guardarlo en el corazón como vos lo hiciste.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Inmaculada Virgen María, Madre de los milagros y del consuelo. Venimos a tus pies, confiado en tu amor infinito, a que nos ayudes a «ver nuevas todas las cosas» como enseñaste a tu Hijo Jesús. Te damos gracias por los favores que concedes a cuantos recurren a tu intercesión; por el consuelo que das a tantas familias que piden tu protección, por los tantos enfermos que se han sentido cuidados y sanados por tu ternura, al solo contacto con los algodones tocados con tu sudor milagroso.
Te pedimos, que nos ayudes a (se pide la gracia que se quiera alcanzar) y a abandonarnos en Dios como vos lo hiciste a sus designios. Madre de los Milagros, vos que siempre tuviste puesta tu fe en el plan de Dios, ayúdanos a confiar en sus caminos.

Historia del Milagro

Era el 9 de mayo de 1636 y la pequeña Santa Fe iniciaba un nuevo día de arduas tareas.

En el templo de la Compañía de Jesús, edificado sobre uno de los costados de la plaza mayor, el Padre Rector del Colegio y de la Iglesia, Pedro de Helgueta, SJ, oraba arrodillado frente al cuadro de Nuestra Señora, como todas las mañanas. Habiendo finalizado la Misa, alrededor de las ocho horas, el Padre levantó la vista hacia el cuadro y se sorprendió por lo que creyó era humedad del ambiente condensada en la pintura. Pero pronto comprendió que el brillo tenía un origen distinto.

Incorporándose descubrió que de la mitad de la Imagen para arriba la pintura estaba totalmente seca, mientras que hacia abajo corrían hilos de agua resultantes de innumerables gotas emanadas en forma de sudor. Siguió recorriendo con la vista hacia abajo y comprobó que el caudal ya estaba mojando los manteles del altar y el piso.
Al ver el asombro del sacerdote, varias personas que aún permanecían en la iglesia se acercaron y pudieron conocer lo que estaba ocurriendo. Comenzaron a embeber aquel agua en algodones y lienzos, mientras el número de fieles y curiosos crecía junto al júbilo y las exclamaciones. Las campanas de la Iglesia no pararon de repicar, para anunciar a todo el pueblo lo que estaba sucediendo. A pocos minutos llegaron el Vicario y Juez Eclesiástico de Santa Fe (Cura Hernando Arias de Mansilla), el Teniente de Gobernador y Justicia Mayor (Don Alonso Fernández Montiel), el General Don Juan de Garay (hijo del fundador) y el Escribano del Rey, Don Juan López de Mendoza.

Subido en un banco el propio Vicario tocó con sus dedos la tela del cuadro, procurando contener los hilos de agua que descendían, pero por el contrario, continuaba manando copiosamente cambiando de dirección al contacto con la mano. Esto duró algo más de una hora, como lo atestigua el acta que se conserva hasta hoy en el Santuario. También se conserva una reliquia de los algodones tocados en el sudor y que besan agradecidos todos los fieles cada 9 de mes.