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Ntra. Sra. de los Milagros.
Patrona de la Provincia Jesuita Argentina-Uruguaya.

Ntra Sra de Luján Fiesta trasladada del 8 de Mayo.
Hech 1, 12-14; 2, 1-4; [Sal] Lc 1, 46-55; Ef 1, 3-14.

Evangelio según San Juan 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús, estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquella Hora, el discípulo la recibió como suya.

Ntra. Sra. de los Milagros

Presencia de Dios: considerar que Dios está a mi lado y me mira.

Lectura: Lucas 1, 39-55 «En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor». María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre»».

Petición: Dame la gracia de conocerte internamente, para que conociéndote más te ame, y para que amándote más te siga.

Contemplación: Hoy queremos invitarte a rezar con la imagen de Nuestra Señora de los Milagros. Proponemos primero contemplar sus manos. Podemos detener la mirada y descubrir que sus manos están juntas cerca del corazón, pero entre ellas hay un espacio, no están palma con palma sino más bien dejan un lugar, un lugar para cada uno de nosotros. Manos que son como una casita cerca del corazón. Donde nos sentimos acompañados, protegidos, queridos.

Podemos reconocer además, que esas manos que acariciaron a Jesús, también nos acarician y nos consuelan hoy a nosotros. Manos de Madre, llenas de ternura y cariño. Pero también son manos santas y gloriosas que se hacen pobres para pedir por nosotros, sus hijos.

Otra forma de rezar, sería contemplar su mirada. Reconocer que sus ojos ven hacia adelante. Ven más allá que nosotros, porque Ella ya sabe cuál es nuestro camino. Saber que la mirada de María ve más allá, es la sensación de saber que Ella ya sabe lo que pasa en nuestro futuro, y una invitación plena a abandonarse y confiar en los planes de Dios. Dejar que la Virgen vele por nuestro camino de cada día.

Coloquio: Hablo con Nuestra Señora, le cuento lo aquello que pasó por mi mente y mi corazón durante este ratito de oración. Puede terminar este momento con un Ave María.

Leonardo Nardín, SJ.
Adaptación.

Oración a Ntra. Sra. de los Milagros

Inmaculada Virgen María, Ntra. Sra. de los Milagros,
madre de Dios y madre nuestra, que tantas gracias y beneficios
alcanzas de Dios para los que te invocan ante esta imagen de la
Purísima Concepción.

Míranos benignamente y extiende, Madre dulcícima,
el celeste manto de vuestra protección sobre
toda la Iglesia, rogad por todos los cristianos,
dilatad y exaltad la Fe Católica por todo el mundo,
convertid a los pecadores, afianzad la paz entre los pueblos,
conservad la inocencia de la niñez, la devoción fervorosa
de los que celebran con júblio vuestra maternal protección,
y dadnos a todos la prosperidad conveniente para la
mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de nuestras almas.

Amén.

Historia del Milagro

Era el 9 de mayo de 1636 y la pequeña Santa Fe iniciaba un nuevo día de arduas tareas.

En el templo de la Compañía de Jesús, edificado sobre uno de los costados de la plaza mayor, el Padre Rector del Colegio y de la Iglesia, Pedro de Helgueta, SJ, oraba arrodillado frente al cuadro de Nuestra Señora, como todas las mañanas. Habiendo finalizado la Misa, alrededor de las ocho horas, el Padre levantó la vista hacia el cuadro y se sorprendió por lo que creyó era humedad del ambiente condensada en la pintura. Pero pronto comprendió que el brillo tenía un origen distinto.

Incorporándose descubrió que de la mitad de la Imagen para arriba la pintura estaba totalmente seca, mientras que hacia abajo corrían hilos de agua resultantes de innumerables gotas emanadas en forma de sudor. Siguió recorriendo con la vista hacia abajo y comprobó que el caudal ya estaba mojando los manteles del altar y el piso.
Al ver el asombro del sacerdote, varias personas que aún permanecían en la iglesia se acercaron y pudieron conocer lo que estaba ocurriendo. Comenzaron a embeber aquel agua en algodones y lienzos, mientras el número de fieles y curiosos crecía junto al júbilo y las exclamaciones. Las campanas de la Iglesia no pararon de repicar, para anunciar a todo el pueblo lo que estaba sucediendo. A pocos minutos llegaron el Vicario y Juez Eclesiástico de Santa Fe (Cura Hernando Arias de Mansilla), el Teniente de Gobernador y Justicia Mayor (Don Alonso Fernández Montiel), el General Don Juan de Garay (hijo del fundador) y el Escribano del Rey, Don Juan López de Mendoza.

Subido en un banco el propio Vicario tocó con sus dedos la tela del cuadro, procurando contener los hilos de agua que descendían, pero por el contrario, continuaba manando copiosamente cambiando de dirección al contacto con la mano. Esto duró algo más de una hora, como lo atestigua el acta que se conserva hasta hoy en el Santuario. También se conserva una reliquia de los algodones tocados en el sudor y que besan agradecidos todos los fieles cada 9 de mes.