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De la feria. San Luis Orione, presbítero. (ML).
Hech 14, 5-18; Sal 113B, 1-4. 15-16.

Evangelio según San Juan 14, 21-26

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: “El que recibe mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él”. Judas –no el Iscariote– le dijo: “Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?”. Jesús le respondió: “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho”.

Hacer lo que Dios quiere

He madrugado para que me dé tiempo a rezar tranquilo. Quiero estar un rato con el Amigo Jesucristo antes de empezar el día, hay muchas historias que necesitan de su bendición. Pronto he recibido la visita de varias personas. Primero, un miembro de la “Guardia de Honor” que quería consejo para organizar el día del Sagrado Corazón porque se esperan unas 4.000 personas. Luego he quedado a tomar un café con una mujer miembro de las “Marías de los Sagrarios” que me ha pedido que les diera los Ejercicios Espirituales a un grupo este verano.

Salí de allí a celebrar la Eucaristía en el convento de las religiosas Bernardas. Al terminar dediqué la mayor parte del día a lo que más me gusta: patearme el barrio madrileño de la Ventilla echando una mano y algo más si es posible para atender a tanta familia pobre y a personas con necesidad material y, sobretodo, espiritual. Hay mucho movimiento con los obreros a punto de otra revolución como la de la Semana Trágica de Barcelona. Espero que no llegue a ese extremo. Para eso me empeño en mejorar la vida y la educación del barrio. Hemos logrado acercar un grupo de maestros extraordinario que ya empieza a dar sus frutos y la gente habla muy bien de nuestro esfuerzo educativo, aunque, de momento, sea en la calle. He llegado tarde a nuestra comunidad, pero me ha dado tiempo para cenar con los compañeros y celebrar el cumpleaños de José María, un gran tipo.

Sólo me queda darte las gracias a ti, Señor porque me has llevado en volandas todo el día. Ya sabes que voy lento y detrás, pero voy. Por eso, cuando me preguntan siempre les digo: “hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace.”

San José María Rubio, SJ.