29DOM

La Ascensión del Señor. (S).
Hech 1, 1-11; Sal 46, 2-3. 6-9; Ef 1, 17-23 (opcional ciclo C, Heb 9, 24-28; 10,19-23).

Evangelio según San Lucas 24, 46-53

Jesús dijo a sus discípulos: “Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y Yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto”. Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

«Cada uno de nosotros, como aquellos primeros cristianos, es testigo del paso del amor de Dios por nuestras vidas».

Este pasaje de la resurrección de Jesús nos anima a salir enviados con alegría y con fuerza como los discípulos. Nosotros estamos invitados, como lo hicieron los primeros amigos de Jesús, a compartir la buena noticia: “predicar la conversión para el perdón de los pecados”.

Cada uno de nosotros, como aquellos primeros cristianos, es testigo del paso del amor de Dios por nuestras vidas. Jesús nos envía a llevar esa semilla de resurrección a las personas con quienes compartimos nuestra vida diaria: nuestra familia, trabajo, amigos, compañeros ¿Dónde siento que puedo ofrecer una mirada del amor de Dios hoy?

Los discípulos, luego de ver la ascensión de Jesús quedaron con alegría y permanecían en el templo celebrando la fe. Esa alegría y fuerza los movía a ser enviados como testigos de la misericordia de Jesús.

Permanecer en el templo y salir a predicar la buena noticia, son dos movimientos complementarios que realizan los discípulos después de la resurrección de Jesús. A partir de este momento de encuentro con Jesús ¿hay alguna de estas acciones a las que me sienta invitado?

Jorge Berli, SJ.

Jesús sube a los Cielos

La última alegría
fue quedarte marchándote.

Tu subida a los cielos
fue ganancia, no pérdida:
fue bajar a la entraña, no evadirte.

Al perderte en las nubes
te vas sin alejarte,
asciendes y te quedas,
subes para llevarnos,
señalas un camino,
abres un surco.

Tu ascensión a los cielos
es la última prueba
de que estamos salvados,
de que estás en nosotros
por siempre y para siempre.

Desde aquel día la tierra
no es un sepulcro hueco,
sino un horno encendido:
no una casa vacía,
sino un corro de manos:
no una larga nostalgia,
sino un amor creciente.

Te quedaste en el pan,
en los hermanos,
en el gozo, en la risa,
en todo corazón que ama y espera,
en estas vidas nuestras
que cada día ascienden a tu lado.

José Luis Martín Descalzo