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De la feria. Semana 7ª de Pascua.
Semana 3ª del Salterio.
Hech 19, 1-8; Sal 67, 2-7.

Evangelio según San Juan 16, 29-33

A la hora de pasar de este mundo al Padre, los discípulos le dijeron a Jesús: “Por fin hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios”. Jesús les respondió: “¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: Yo he vencido al mundo”.

Brotes de Resurrección

Jesús luminoso que se ve en cosas pequeñas, brotes cuyas consecuencias sólo Él puede dimensionar. ¿Quién iba a decir que en ese país tan chiquito iba a ser el brote de algo tan grande, de una presencia tan inmensa en el mundo? Lo que vos hagas con el brote si se identifica con el del crucificado tiene certeza de amor, y Dios hace brotar mucho más allá de lo que queremos en la forma y el tiempo que Él quiere. Ese Jesús luminoso se nos presenta luminoso y con gloria. Él hace de la puerta de la tumba una puerta de encuentro. Las mujeres van a buscar un muerto en donde van a encontrar una puerta abierta.

“Se a quien buscás, Él irá adelante. Allí lo vereís”. El resucitado va siempre adelante, nos gana porque es lo que todavía no se vió pero que va a ser. Es el entusiasmo, la fuerza que nos da el mirar hacia adelante, y sobre todo cuando lo vivimos en la solidez de las pequeñas cosas hechas con amor. A veces en el camino las mezquindades y las envidias hacen que pierdan fuerza esos pequeños brotes.

Fernando Cervera, SJ.