11VIE

San Martín de Tours, obispo. (MO).
2Jn 4-9; Sal 118, 1-2. 10-11. 17-18.

Evangelio según San Lucas 17, 26-37

Jesús dijo a sus discípulos: “En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos. Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía. Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos. Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre. En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo no vuelva atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. El que trate de salvar su vida la perderá; y el que la pierda la conservará. Les aseguro que, en esa noche, de dos que estén en el mismo lecho, uno será llevado y el otro dejado; de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada”. Entonces le preguntaron: “¿Dónde sucederá esto, Señor?”. Jesús les respondió: “Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres”.

Preguntas eternas

Creer es preguntar. Preguntar por Dios, por su voluntad, por su presencia, por el bien y por el mal, por el dolor y la alegría, la vida, la muerte. Preguntar, aunque mil veces nos responda el silencio.

Rastrear en las respuestas de otras personas, en las historias vividas por otros, de antes y de hoy. Creer es poner nombre a las cosas, sabiendo que es un balbuceo de lo que de algún modo intuimos.

Creer es dudar, también.

Somos buscadores. Ansiosos de respuestas. Pero a veces hay que resignarse a una incertidumbre valiente. El que pretenda saber todo sobre Dios es un necio o un infeliz. ¿Cómo intuir lo eterno desde nuestros días contados? ¿Cómo asomarse a un más allá para el que no conocemos la frontera? ¿Cómo encontrar sentido en un mundo tan loco?

Preguntas eternas, que se formulan hombres y mujeres de todas las épocas. Preguntas genéricas, a veces filosóficas, altas, inabarcables. Pero otras veces concretas y tangibles, cuando tienen que ver con nuestras encrucijadas vitales. No sé si encontraremos muchas respuestas. Pero que nunca nos falte la valentía para preguntar.

 

Es verdad que no lo sabemos todo. Pero vamos aclarándonos. En medio de la maraña de ruidos, discursos, incertidumbres, en la vida se van asentando algunas verdades sencillas.

Verdades que normalmente suponen dejar de lado la pompa, los grandes pronunciados. Verdades que tienen que ver con el corazón, el afecto, nuestra desnudez vulnerable y la humanidad auténtica. Y la verdad de Dios, inasible, tiene que ver con el amor, con nuestra ansia de eternidad, con esta libertad que nos hace tan poderosos.

Pastoral SJ.