14LUN

De la feria.
Apoc 1, 1-6. 10-11; 2, 1-5; Sal 1, 1-4. 6.

Evangelio según San Lucas 18, 35-43

Cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”. Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”. Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. “Señor, que yo vea otra vez”. Y Jesús le dijo: “Recupera la vista, tu fe te ha salvado”. En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.

El camino del amor

Cuando te llama el amor, síguele,
aunque sus caminos sean ásperos y empinados.
Y cuando sus alas te envuelvan, entrégate,
aunque te pueda herir la espada oculta entre sus plumas.
Y, cuando te hable, créele, aunque su voz perturbe tus sueños como arrasan el jardín las ráfagas del viento norte.

Pues, a la vez, el amor te corona y te crucifica.
A la vez, él te hace crecer y te poda.
Y mientras te eleva a las alturas
y acaricia tus más tiernas ramas que tiemblan al sol,
baja también, a tus raíces
y las sacude para que no se agarren a la tierra.

Te desgrana para sí como a granos de maíz,
te trilla hasta dejarte desnudo,
te aventa para limpiarte del salvado,
te muele hasta la blancura,
te amasa hasta dejarte dúctil.
Y luego te manda su fuego sagrado,
para que te conviertas en pan sagrado
para el sagrado festín de Dios.

Kahlil Gibran.