29MAR

De la feria.
Is 11, 1-10; Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17.

Evangelio según San Lucas 10, 21-24

Al regresar los setenta y dos discípulos de su misión, Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: “¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

Pregón de Navidad 

Este es tiempo de espera y anhelo, de ilusión, de salir a los cruces y caminos. Es un tiempo de ojos abiertos, de miradas largas como el horizonte y de pasos ligeros por calles y plazas. Este es tiempo de salas de espera, de viajes que llegan con sorpresa, de caminatas alegres y largas, de sueños buenos que se realizan y de embarazos llenos de vida.

Este es tiempo de pregones y sobresaltos, de vigías, centinelas y carteros, de trovadores, profetas y peregrinos, y de todos los amantes de la utopía que van en pos de la estrella que brilla. Este es tiempo de luces, candiles y velas, de puertas y ventanas entreabiertas, de susurros, sendas y pateras, de huellas en el cielo y la tierra y, también, en el corazón de las personas.

Este es tiempo de pobres y emigrantes, de parias, exiliados y desplazados, de los desahuciados de sus casas que se empapan y mojan en la calle y de todos los que no tienen nombre. Este es tiempo de quienes no llegan y rezan, de hogares que se renuevan y mantienen, de los que disciernen serenamente.

Este es tiempo de andar por oteros y valles de de cantar por las cárceles que se abren de romper grilletes, cadenas y fuerzas, de ceñirse coronas de servicio y dignidad, y de madurar como las hojas que vuelan. Este es tiempo de Isaías y Juan Bautista, de María y de José, sin pesadillas, embarcados en la aventura divina y pasando en vela sus horas nazarenas.

Es tiempo que gesta las promesas. ¡Este es tiempo de buenas noticias!

Florentino Ulibarri