09DOM

28° durante el año. (San Dionisio, obispo, y compañeros, mártires. San Juan Leonardi, presbítero. San Héctor Valdivielso Sáez, religioso, y compañeros, mártires). Semana 4ª del Salterio.
2 Rey 5, 10. 14-17; Sal 97, 1-4; 2Tm 2, 8-13.

Evangelio según San Lucas 17, 11-19

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”. Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba sanado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. Jesús le dijo entonces: “¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?”. Y agregó: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.

«En la vida hay gente a la que le cuesta sentir gratitud y dar de corazón las gracias».

Jesús, en el pasaje que hoy nos propone la liturgia, se entregó a sí mismo, cuando aquellos diez leprosos imploraron su compasión. Los hombres tenían fe suficiente como para acudir a él y creyeron aun antes de quedar sanos. Fue en el trayecto se vieron purificados de su lepra. Pero les faltaba gratitud.

La gratitud nos habla de gratuidad, de acogida y reconocimiento del gesto del otro a favor nuestro. Sólo el extranjero volvió a dar las gracias. Transformó el vínculo con su sanador en una relación personal de amor y adoración.

En la vida hay gente a la que le cuesta sentir gratitud y dar de corazón las gracias. Todo lo exigen y sienten que todo se les debe. Su soledad ha de ser muy grande. Hay otros cuyo corazón agradecido los despierta a la maravilla de sentirse amados y sostenidos cada día por Aquél que es origen de todo bien y que se entrega a sí mismo en todos sus dones.

Leonardo Amaro, SJ.
Cuaderno Espiritual.