14VIE

San Calixto I, papa y mártir. (ML).
Ef 1, 11-14; Sal 32, 1-2. 4-5. 12-13.

Evangelio según San Lucas 12, 1-7

En aquel tiempo, se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: “Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas. A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. Yo les indicaré a quién deben temer; teman a Aquél que, después de matar, tiene el poder de arrojar al infierno. Sí, les repito, teman a ése. ¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros”.

Cuando te sientas agobiado, confia en Dios

La desolación es el tiempo en el que nos sentimos permanentemente perseguidos por la tentación de claudicar y abandonar todo porque estamos como agobiados, abatidos, rotos. La desconfianza se apodera de cada una de nuestras apuestas. Comienzan a aparecer palabras como todo, nada, siempre, nunca, que tensan la dialéctica de la vida y no hay términos medios ni matices que valgan.
Todo parece estar perdido, «siempre lo mismo», «a mí nunca»… desaparece la perspectiva, la confianza en los procesos lentos, el miedo por nuestras sombras. Es el tiempo de la desmemoria absoluta. Por eso, Ignacio recomienda nunca cambiar las decisiones importantes que tomamos en la consolación cuando nos sentimos tan abrumados.»

Emmanuel Sicre, SJ.