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De la feria.
Ef 6, 1-9; Sal 144, 10-14.

Evangelio según San Lucas 13, 22-30

Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”. Él respondió: “Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Y él les responderá: ‘No sé de dónde son ustedes’. Entonces comenzarán a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas’. Pero él les dirá: ‘No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!’. Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos”.

Ser testigos

Ser testigos de Jesús, siempre, pero más en nuestro mundo secularizado, requiere hombres de fe, de amplia experiencia de Dios y de generosa comunicación de esa experiencia.

(…) Vivir hoy, en todo momento y en toda misión el ser “contemplativos en la acción”, supone un don y una pedagogía de oración que nos capacite para una renovada “lectura” de la realidad ―de toda la realidad― desde el Evangelio y para una constante confrontación de esa realidad con el Evangelio.

Pedro Arrupe, SJ.