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De la feria. Santa María en sábado.
Fil 1, 15. 18b-26; Sal 41, 2-3.5bcd.

Evangelio según San Lucas 14, 1. 7-11

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: “Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate más’, y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado”.

Se ama con las manos

Hace poco aprendí como se ama.
Lo aprendí cuando vi las manos de una madre arrumando a su hijo.
Lo aprendí cuando vi las manos de la señora sosteniendo ese libro inmenso para volver a leer a los niños ese cuento que tanto les gusta.

Lo aprendí cuando vi las manos de un niño acariciando a un perrito callejero.
Lo aprendí cuando vi las manos de un médico curando con delicadeza cada una de las heridas de un enfermo.
Lo aprendí cuando vi las manos de unos abuelos entrelazarse para caminar juntos por un rato.
Lo aprendí cuando vi las manos de unos jóvenes que plantaban árboles por toda la ciudad.
Lo aprendí cuando vi las manos de un padre acompañando a su hijo a la escuela.
Lo aprendí cuando vi las manos de un músico que tocaba por décima vez en su guitarra la misma melodía que lo seguía emocionando.
Lo aprendí cuando vi las manos de unas mujeres tejiendo mantas para los bebés que estaban en un hospital.
Lo aprendí cuando vi las manos de un grupo de chicos recolectando juguetes para llevarle a unos niños.
Lo aprendí cuando cuando vi las manos de unos viejos amigos estrechándose cálidamente.
Lo aprendí cuando vi las manos de un bombero rescatando a alguien de un incendio.
Lo aprendí cuando vi todas esas manos juntas abrazando el dolor ajeno, compartiendo las alegrías, sostiéndose para que nadie caiga.

Lo que aprendí entonces fue que se ama con las manos o no se ama.

Cecilia Sosa.