01JUE

De la feria.
1Cor 3, 18-23; Sal 23, 1-6.

Evangelio según San Lucas 5, 1-11

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Nos aferramos a la vida

Nos aferramos a la vida dicen que con uñas y dientes pero para mí es con toda el alma.
Nos aferramos a esos segundos en los que la sonrisa parece eterna y otros ojos nos miran como si los nuestros hablaran de esperanza.

Nos aferramos a la alegría como un talismán indestructible, nos aferramos a la fe, cuando alguien que amamos la está pasando difícil, cuando la vida nos pone a prueba, cuando todo pareciera ser tan frágil como un castillo de arena.
Nos aferramos a la vida en las palabras de un amigo, en las manos de un niño, en una flor, un libro, un -Te amo- dicho a tiempo.

Nos aferramos porque queremos sentir más, amar más, luchar más, soñar más.
Nos aferramos porque tenemos miedo, miedo a la costumbre de no aprovechar cada segundo, miedo a la agonía del desamor, a las palabras sin decir, al desaliento, al suicidio del alma cuando no somos valientes.

Nos aferramos, porque un corazón que se entrega a la vida, es una ofrenda que nos hacemos para recordar cada día que no somos más que todo el amor que alguna vez supimos dar, incluso aquel, que le ofrecimos al viento.

Cin Wololo.