04DOM

23° durante el año. Semana 3ª del Salterio.
Sab 9,13-18; Sal 89, 3-6. 12-14.17; Flm 9b-10.12-17.

Evangelio según San Lucas 14,25-33

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

“Siempre se tratará de aprender a amar y de amar más».

El Evangelio de este Domingo nos invita a “sentarnos”: detener la marcha, aquietar el corazón y buscar la lucidez. Los personajes de estas dos breves parábolas están por tomar importantes decisiones para su vida: van a iniciar “empresas grandes”. Los dos “se sientan” a considerar, a pasar por el corazón, a discernir el camino que quieren recorrer.

Jesús nos invita a compartir su camino, ser sus discípulos, y nuestra tarea es discernir el “modo” en el cual lo queremos acompañar. Siempre se tratará de aprender a amar y de amar más. Amar entregada y libremente, consagrando nuestra existencia; entregando la vida en medio de las cruces, de los cansancios que llenan de alegría y las pasiones que encienden la vida.

Frente ello, tomemos conciencia de que la invitación de este domingo es a sentarse “antes” y “primero”, no a quedarnos sentados.

Oscar Freites, SJ.

Ser voluntario

Voluntario no es la persona que tiene “voluntad”, sino quien tiene amor. La buena voluntad no basta. El voluntario es la persona que ha descubierto el poder transformador del amor y el valor incuestionable de la vida humana. Ser voluntario es más un estilo de vida, una forma de ser que una acción concreta. El voluntario no es la persona que hace “algo” por los demás, sino quién vive de una determinada manera y hace de ello su manera de estar en el mundo.

Javier Rojas, SJ.